SABINA SONETEA A KICHI

Sabina le ha escrito un soneto a Kichi, que ya es una Virgen de pueblo, con niño de pastoreo y peces de villancico. Sabina escribe con la mano y el pulmón que le faltan, como un santo leproso, y es todo una velada de santos de la izquierda, la romería viciosa del beso y la sangre de la que viven los santos.

Yo he crecido donde a los santos se les escribe, se les canta, se les peina con espinas el pelo de espinas y se les pide un novio o el carné de conducir seduciéndolos con guardias, flautistas, alcaldes, niñas viudas, ataduras y medias negras.

El pueblo entero lo hacen los santos, los que cantan a los santos y los que les guardan el ajuar de loca en su casa, llena de íntimos relicarios y costureros, de un erotismo melancólico, seco y solterón. Emilia Landaluce hablaba el otro día de las élites para las que gobierna en realidad la izquierda, y yo creo que forman todos este pueblo de santos y sacristanejos, de ateneíllos y poetastros, de ripios y gladiolos, esa religión de merendola.

Los santos y sus beatas, los políticos y su cultureta, se alimentan unos a otros de flores y balconcitos y premios a la saeta. En el soneto, Sabina alaba el paisaje como un poeta farero (iba vestido de eso, de farero o de Alberti), y la política transeúnte de Kichi, que va a los bares.

Es como alabar al butanero, que quizá es nuestro santo patrón. La izquierda es ese pueblo que funciona así, con el pregón y la procesión, con bienaventuranzas y velones, con el bodegonista pobre y la señora de orfeón rica.

Pablo Iglesias fue una vez el santo hippie, pero se hizo tirano y burgués, como pasa en todas las revoluciones. Quería el cielo, que era como un balcón de Carmena, entre la utopía y el tendedero, pero ya se conformaba con un ministerio maría.

Ahora ha hundido a su partido y él sólo aguanta por la hipoteca. Errejón se va a quedar con sus sectas y sus rebotados, piensa en un nuevo Podemos tribal y confederado. Ha empezado por acercarse a Teresa y a Kichi, la Sagrada Familia de Cádiz que se pasea en burro o en carrito de Carrefour con aureola de la Caleta.

Su anticapitalismo dulcinista no es nada transversal, pero Teresa tiene una personalidad como de miliciana con el hijo a la espalda, y Kichi, silbando coplas a las palomas, gana en la ciudad del 30% de paro, donde se canta con dolor de barriga.

No hay coherencia, pero sí cartel. Sabina ya les hace sonetos que suenan a pito rociero bohemio, a pipa de agua bendita. Pronto llegarán el resto de cofrades, venenciadores y campanilleros.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )