SALIR DE CATALUÑA, MISIÓN IMPOSIBLE

El miércoles pasado, después del calentón Rajoy-Rivera, el coordinador del PP, Fernando Martínez Maíllo, se reunió con José Manuel Villegas para limar asperezas. En el pasillo del Congreso, para que los viera todo el mundo. Había tantas cámaras filmando la escena como en una cumbre MerkelMacron. «Hay que salir echando leches de Cataluña», le dijo Fernández Maíllo con franqueza y sinceridad castellanas. Salir de Cataluña, salir del 155, salir de Berlín, salir de Puigdemont, salir de la pesadilla.

Este es el deseo compartido por PP, PSOE, ERC, PNV y Podemos. Es decir, por casi todos los grupos de la Cámara. Casi todos, menos Ciudadanos, un partido que no quiere salir de Cataluña -en su actuación política- porque nació allí y porque sabe que la cuestión catalana es la clave de este tiempo político. La victoria en las elecciones del 21-D ha impulsado a Albert Rivera -con sólo tres años de edad en la política nacional- a disputar al PP -que tiene 40 como ha recordado Rajoy- nada menos que la hegemonía del centro-derecha.

En los sondeos de intención de voto, de momento. Sondeos que duelen casi todas las semanas –el último, el del CIS– al PP y, sobre todo al PSOE. Si hace tres años, el bipartidismo aparecía amenazado por Podemos, ahora es Ciudadanos quien ha tomado el relevo.

La rivalidad PP-Ciudadanos viene a sustituir así a la que protagonizaron PSOE y Podemos, aunque con menor intensidad emocional. Básicamente por el temperamento acorazado del presidente del PP. Mientras los dirigentes socialistas se querían comer vivo a Pablo Iglesias cuando éste los ponía contra las cuerdas, Mariano Rajoy lo que hace es situarse en posición de yoga para frenar los impulsos de Rivera. Uno y otro se han ido tomando la medida.

El líder de Ciudadanos dio la campanada al advertir en la sesión de control que rompería el consenso del 155 si el Gobierno seguía vacilando en el combate contra el independentismo. Las palabras de Rivera fueron interpretadas como una «pataleta infantil» por el PP y por todos los medios de comunicación. Rivera fue fustigado en editoriales de algunos diarios, que hasta ahora le eran mucho más que propicios. Sin embargo, la decisión del líder de Ciudadanos es cualquier cosa menos una pataleta improvisada. Rivera sabe que la rebelión independentista catalana no va a acabar con la elección de un nuevo presidente y el levantamiento automático del 155.

La designación del radical Quim Torra le ha venido a dar la razón. El independentismo extremo y supremacista del candidato a la investidura llevará a los partidos a añorar incluso a Carles Puigdemont.

El regreso a la normalidad institucional es una ensoñación que comparten PP, PSOE, PNV, ERC y Podemos. No así Ciudadanos, que quiere separarse de la política del Gobierno «para no ser cómplice de lo que pueda pasar».

Es Carles Puigdemont desde Berlín quien dirige la política en Cataluña. Y ha designado al más independentista entre los independentistas porque, en su alocada guerra contra el Estado que no puede ganar, el ex presidente de la Generalitat ha obtenido algunas victorias parciales. Como el último auto de Llarena en el que se rebajan los delitos de los que se le acusa [lea el auto en PDF]. O la internacionalización de su causa.

La simpatía que despierta por ahí fuera el independentismo catalán pudo comprobarla Pedro Sánchez en un coloquio en la London School, el templo del orden económico-liberal. Según publicó Expansión, los estudiantes le preguntaron por qué en España hay «presos políticos» y por qué no se deja votar a los catalanes.

El líder socialista estuvo de gira por Europa para defender al Estado frente a la rebelión independentista. El PSOE ha decidido hacer piña con el Gobierno en el 155, sin pedir responsabilidades a Rajoy por ninguna de sus decisiones, o no decisiones. El presidente del Gobierno está tan agradecido a Pedro Sánchez -cosas veredes- que le ha recomendado a Rivera que siga el ejemplo del líder socialista.

Al PSOE, como al Gobierno, le quema en las manos el 155. Quiere quitárselo de encima como sea. Es la causa fundamental por la que Cs le ha arrebatado al PSOE la primogenitura de la oposición contra Rajoy. Hay muchísima preocupación en las filas socialistas porque el partido está como desaparecido. El PSOE siente que se ha convertido en un partido transparente y que a nadie le importa realmente lo que diga, o lo que proponga. Mientras tanto, el presidente del Gobierno va ganando días al calendario -a trancas y barrancas- para permanecer en La Moncloa.

Lucía Méndez ( El Mundo )