SALÓN DEL MÓVIL

Ada Colau, mujer de lágrima fácil y corazón de piedra, lleva ya cinco años en la Alcaldía de Barcelona y no ha logrado erradicar la pobreza de su ciudad. ¡Qué decepción! Estábamos convencidos de que ella, como Irene y Pablo, tenía la fórmula mágica que la derecha «comehombres» se negaba a aplicar.

Resulta que no, que Colau no devora a nadie, pero no sólo no arregla los problemas de sus vecinos, sino que los agrava. Ha plantado cara al turismo, notable fuente de ingresos, y de ello se alegran Málaga y Madrid. Eso sí, por las calles de la capital catalana siguen malviviendo centenares de vagabundos y los desahucios de viviendas se suceden todas las semanas.

También quería cargarse el mayor congreso mundial del móvil. De boquilla, claro. Quien sí lo va a cerrar ahora es el coronavirus, y la alcaldesa podemita ya está preparando su llanto. No descarten que encuentre algún responsable del desastre entre la derecha española, ya que ella sí se entiende con la diestra catalanista y supremacista.

Le gusta el nacionalismo. Pues ya ves, Ada, pasan los días y tu corazón es cada vez más frío. Pocas veces hemos asistido al suicidio de una comunidad, como está ocurriendo en Cataluña.

El Astrolabio ( ABC )