La tristeza es una forma silente de pedir auxilio, y la estupidez es un modo ostensible de hacerse el sordo ante los problemas de los demás.

En estos tiempos en los que la apariencia prima sobre cualquier otro valor, mucha gente joven de ambos sexos se siente mal con su situación personal pero especialmente con la imagen que tienen sobre sí mismos cuando se comparan con otros y empiezan a ser candidatos a la depresión y la baja autoestima, aunque este es un asunto menor para los grandes próceres de este país más preocupados por ver cómo salen ellos en la foto que por garantizar la salud mental de los españoles.

Fernando González, periodista de la SEXTA más conocido por GONZO, hizo esta semana un programa sobre la llamada generación cristal, para poner el foco en el drama silente de los jóvenes que son víctimas de la depresión y la falta de autoestima, a causa del bombardeo que sufren para intentar ser los más guapos y famosos, a través de INSTRAGRAM u otras redes sociales.

No es un asunto menor porque lo que más se cotiza en estos momentos es la apariencia y gracias a ella se han convertido en personajes afamados gente de menor cuantía intelectual y moral, empezando por líderes políticos que posan frente al espejo e intentan imitar gestos que ya se inventó hace 40 años J.F.K. hace casi 50 años.

Tal vez por eso deberían ir al o psicólogo no solos los jóvenes que necesitan superar su tristeza sino también los fatuos dirigentes que dirigen o quieren dirigir los destinos de nuestro país, cuando deberían pensar que ellos también empiezan a ser carne de psiquiátrico.

El tema es suficientemente serio como para abandonar el sarcasmo e insistir en la importancia de la salud mental como una prioridad en nuestro país, y algo deben hacer las administraciones públicas para ayudar a quienes necesitan esta atención médica.

Cuando algunas ofertas laborales o de proyección profesional, laboral, artística o social priorizan el número de seguidores que deben tener los candidatos, no es extraño que el resultado de esa política sea la vulgarización y la perdida de prestigio.

A veces es útil que aparezcan gente que es admirada por numerosos seguidores contando sus miserias en un programa con audiencia y credibilidad porque ayudan con su imagen de engañados a otros muchos jóvenes anónimos que sufren la misma o parecida dolencia mental.

Creemos que vivimos en un mundo desigual e injusto, pero yo diría que existen varios submundos en los que habitan mujeres y hombres que son víctimas de la insustancialidad de un sistema que hace aguas.

Diego Armario