Es comprensible que el PP quiera ofrecer una imagen de partido de Estado que no se cierra a pactar con el Gobierno. Y es elogiable que ofrezca consensos esenciales, como ya ha hecho en política exterior, económica, judicial, y ahora también en seguridad.

Sin embargo, una vez que esa mano tendida es rechazada por Sánchez -está en su naturaleza sectaria-, no conviene perder más tiempo y simular lo que no se es. El PP, como Vox, es oposición y aspira a gobernar.

Si la seguridad del Estado está en fase de desguace por culpa de Sánchez, no son esos partidos quienes deben rescatarle. Ayer le salvaron permitiendo que su nueva Ley de Seguridad Nacional -quiere derogar la de Rajoy- superase las enmiendas a la totalidad del separatismo y pueda tramitarse.

El PP dice que lo hace por responsabilidad. Pero Feijóo tiene que asumir que arriesga mucho porque Sánchez no es fiable y nunca hará concesiones a la derecha. Ninguna. Parte del electorado no entenderá que se salve a Sánchez porque está hastiado de que la historia siempre termine igual.

Salvado por el PP, como ayer. O por Vox, como ayer y en enero de 2021 con el decreto de los fondos europeos; o por Ciudadanos; o por sus socios tóxicos.

Si el PP y Vox hubiesen votado en otro sentido, lo máximo que habría ocurrido es la devolución de la ley a Moncloa para rehacerla. Quizá pactándola con ellos. O no. Pero rescatar siempre a Sánchez sobre la campana es un peligro.

Y el PP no está en disposición de defraudar más a sus votantes, ni Vox de empezar a hacerlo.

ABC