SALVAR AL SOLDADO FELIPE VI

Inés Arrimadas dio en el clavo durante su discurso en la sesión de investidura: los nacionalistas tienen una estrategia a largo plazo para conseguir la independencia, mientras que los constitucionalistas van perdiendo posiciones porque solo se manejan en el corto plazo. De ahí que España se esté transformando de facto en un Estado confederado como etapa necesaria hacia su posterior deconstrucción definitiva vía procesos independentistas.

Pero la izquierda tiene otro objetivo, complementario al independentista de los nacionalistas: la transformación de España en un régimen republicano. Aunque se ponga como excusa que la exhumación de Franco busca cerrar heridas (sic), en realidad lo que se persigue es sacar a los Borbones de la Zarzuela.

Para la izquierda, la Transición tiene un pecado original: el supuesto vínculo que une la actual democracia con el régimen franquista a través del presunto dictamen de Franco de que dejaba todo «atado y bien atado». Tragaron con la monarquía como tuvieron que hacerlo con la bandera rojigualda, el himno, la economía de mercado y la separación de poderes.

Pero nunca han abandonado el proyecto de vomitar todo lo anterior. En Testimonios sobre el totalitarismo, Václav Havel definió el mecanismo del totalitarismo como el «asesinato de la Historia» (lo llaman sus defensores «memoria histórica») para alcanzar la «destrucción nihilista del pasado» y dominar el futuro. En ello están.

Durante la sesión de investidura hubo una secuencia paradigmática de lo que va a ser el ataque corrosivo contra la institución monárquica. La portavoz de Bildu llamó al rey «autoritario» por atreverse a defender el sistema democrático español frente al golpe de Estado nacionalista.

Aunque formalmente hizo bien la presidenta socialista del Congreso en defender la libertad de expresión de la portavoz de Bildu, lo relevante políticamente fue que aprovechó para meter una pulla a la derecha mencionando al régimen franquista, en lugar de recordarle a Bildu y la extrema izquierda nacionalista que en 2020 el mayor peligro para alguien como Fernando Savater, que sí estuvo en las cárceles franquistas, es pasearse por las zonas abertzales del País Vasco.

La referencia que hizo a Franco no es casual: la estrategia de la izquierda, la ultraizquierda y la ultra-ultraizquierda va a consistir en deslegitimar la monarquía presentándola como heredera del franquismo. La bancada socialista aplaudió en tromba el capote no solo formal sino de contenido antimonárquico que hizo la presidenta del Congreso a la diputada que calumniaba al sistema democrático español encarnado en el Jefe del Estado.

El Gobierno de Sánchez va a ser una avanzadilla para el asalto republicano contra Felipe VI. La excusa por parte de los socialistas será que una III República serviría para calmar los ánimos irredentos de los nacionalistas, que se sentirían más cómodos y sentimentalmente unidos a una España republicana. Olvidando 1934 y la puñalada trapera de Companys a la II República.
Como en el caso de la estrategia nacionalista contra lo que significa España, el centro-derecha ni se huele la aproximación republicana de este Gobierno iglesio-rufianesco, a pesar de que Pablo Iglesias lo dejó escrito negro sobre blanco hace bien poco:

¿Para qué sirve hoy la monarquía? Una nueva república será la mejor garantía para una España unida sobre la base del respeto y la libre decisión de sus pueblos y sus gentes.

Hasta que España no se convierta en una Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas, no pararán. Por eso es tan importante reivindicar el legado liberal de Ortega y Gasset dándole la vuelta a su célebre «Delenda est monarchia» y establecer una estrategia para defender la monarquía constitucional y así evitar que Leonor tenga que enfrentar un tercer golpe de Estado que, no lo duden, las fuerzas reaccionarias de izquierda ya están preparando. Nos acostamos con ministros comunistas, pero dentro de nada nos podemos despertar con presidentes de una república bolivariana.

Santiago Navajas ( Libertad Digital )