SÁLVESE QUIEN PUEDA

El consenso capitalismo-socialdemocracia, ha basado toda su política económica en el consumismo, toda su política cultural en el hedonismo relativista y toda su política social en el individualismo y la dependencia del Estado.

El Estado de bienestar se ha construido sobre los pilares del mayor consumo, el culto a los mercados y la subvención al que no podía participar en aquel festival. En todo Occidente, el obrero, menestral u oficinista, que se incorporó a la clase media tiempo atrás, ya no está interesado en la lucha de clases.

La “igualdad” que les preocupa es aquella que les permite poder cambiar de coche, irse de vacaciones a la playa, acudir al restaurante de moda, tomarse una caña con su tapita al sol y poder comprar el último modelo de móvil o el plasma más grande del mercado.

Por eso el Estado subvenciona los libros de texto de los hijos, mientras los padres les compran el Samsung o iPhone de turno. Por eso el Estado paga el PER mientras importa mano de obra inmigrante para hacer un trabajo que los nacionales subsidiados no quieren hacer.

Por eso las políticas de la derecha e izquierda del establishment han venido confluyendo en la potencial expansión del Estado de bienestar, a través del capitalismo de Estado, fortaleciendo a las elites financieras que manejan los mercados, mientras debilita a las clases medias, a las que grava con crecientes impuestos para mantener una amorfa e ingente bolsa de consumidores.

El problema es que el Estado de bienestar, con la crisis del COVID19, va a necesitar de cientos de billones para mantener el actual sistema de crecimiento basado en el consumo.

Por ello, precisamente en estos tiempos, lo que se precisa para lograr la recuperación es cambiar tal paradigma y fomentar una economía de ahorro y trabajo para poder financiar las nuevas inversiones que redundarán en un mayor crecimiento de nuestra economía y, a largo plazo, en un mayor nivel de vida.

La tasa de ahorro de un país es fundamental porque constituye su principal fuente de financiación. En este sentido, cuanto más ahorren las familias, más recursos dispone la economía a nivel interno para financiar todos los gastos e inversiones, tanto públicos como privados.

En el momento en que falta ese ahorro, la única salida para las economías es el endeudamiento, la liquidez fiduciaria.

Un mecanismo que, de mantenerse sistémicamente, provocará efectos perversos sobre la economía, pues al carecer de respaldo real, acabará con el empobrecimiento y quiebra total de la Nación.

Mientras las clases medias se hunden, el supuesto Estado de bienestar ya no podrá ser sostenido con los aportes presupuestarios, y el Estado, que ha sido tan patibulario y necio de depredar el ahorro de su propia comunidad nacional, estará cada vez más prisionero de los mercados financieros y las ayudas internacionales.

Llegará la hora de la miseria y la desestabilización, el porvenir se vuelve un escenario dantesco.

Mateo Requesens ( El Correo de España )