SAN PRUDENCIO NOS AMPARE

Estaban convocadas sus señorías para debatir con Sánchez sobre el Brexit, Venezuela y las sociedades que sus ministros crearon para ahorrarse impuestos, porque hablamos de un Gobierno tan «bonito» como «solidario» con los españoles. Ni lo uno ni lo otro ni lo del medio formaron parte fundamental de este último Pleno de la legislatura. Aquello fue un mitin a cinco o seis bandas habida cuenta de que los comicios están a la vuelta de la esquina.

Se cruzaron por tanto mensajes y descalificaciones sin llegar a la yema de los asuntos que constaban en el orden del día de la sesión. Las elecciones son un monstruo que todo lo devora porque todo en estos días de mítines y urnas parece dirigido al 28 de abril, festividad de San Prudencio.

Y en este contexto, Sánchez parece que tiene la intención de presentarse de aquí a entonces como un centrista, un moderado que promete sembrar de sosiego la política y la sociedad intentado enterrar con cuatro paladas su inquietante pasado reciente, tan reciente que aún ayer era todavía presente: que tan formidable «centrista» pactó con partidos que quieren deshacer España (esto no es una hipérbole, es la realidad) con tal de dormir en La Moncloa.

Y si nos atenemos a sus presagios de diálogo «con todos» para la próxima legislatura, los volverá a elegir como socios en las Cortes si le es necesario, que a «Air Sánchez» no le van a apear del avión oficial y del nuevo colchón así como así.

Sánchez es un aprendiz de Zapatero. Lo imita en casi todo: la política de gastadero, la memoria histórica, la paparrucha del talante, el feminismo… y hasta en la política gestual. Ayer, por ejemplo, no aplaudió la intervención del presidente de Perú, invitado por el Jefe del Estado para intervenir en las Cortes.

Acabó Martín Vizcarra su discurso, que incluía una encendida defensa de Juan Guaidó y una crítica cabal y atinada al sátrapa Maduro, y Sánchez no consintió en juntar un par de veces las palmas en un tímido aplauso. Ni él ni sus ministros, ni sus diputados, claro.

Semejante descortesía no pareció despiste sino, quizás, un intento de no enfadar ni un poquito al régimen de Caracas. Pero el caso es que sonó tan despreciativo en la delegación peruana como el infantil y grosero desplante de Zapatero a la bandera de EE.UU. en aquel desfile del 12 de Octubre. Con ustedes, Sánchez «el moderado». San Prudencio nos ampare.

Álvaro Martínez ( ABC )