SÁNCHEZ AGITA  LA VUELTA A LAS URNAS

La notoria desaceleración económica se ha convertido en uno de los principales motivos que pueden empujar a Pedro Sánchez a la convocatoria de elecciones. Los datos de empleo conocidos en agosto han sido demoledores, y es un pésimo indicio que la ministra de Economía, Nadia Calviño, haya rectificado sus previsiones y ya ni siquiera pueda confirmar que vaya a subir la previsión de crecimiento para este año. La ralentización de la economía empieza a ser algo más que una sospecha.

Es evidente que al Gobierno de Sánchez le resultaría extremadamente perjudicial iniciar una legislatura de la mano de una extrema izquierda que exige un gasto público adicional cifrado en unos 30.000 millones de euros, y en un estado de debilidad parlamentaria que ni siquiera le garantizase la aprobación de unos nuevos presupuestos generales.

Sería tanto como iniciar la andadura de un nuevo Ejecutivo con el lastre de una percepción económica muy negativa, porque a fin de cuentas es lo que deteriora siempre a un Gobierno por encima de cualquier otro condicionante. El bolsillo manda más que la ideología, y si a estas oscuras previsiones se suman el chantaje de Podemos para condicionar las cuentas públicas y la subida masiva de impuestos prevista para castigar a la clase media, el cóctel para Sánchez resultaría tóxico en sus primeros meses de Gobierno.

Convocando elecciones Sánchez no solo diluye el problema y gana tiempo, sino que podría presentarse ante las urnas como una víctima del resto de partidos, culpables de que no gobierne con garantías para reconducir la deriva económica. Nadie duda de que el bloqueo político está perjudicando a nuestra economía, y el único responsable es Sánchez porque la mayoría parlamentaria de la moción de censura sería viable ahora si realmente quisiera ser investido.

Pero Sánchez contempla las nuevas elecciones como un mal menor, consciente de que después no podría haber unos terceros comicios fuera cual fuera el resultado, y que Cs cedería. Y si además vence en las urnas, habrá encontrado un plus de legitimidad para simular que será entonces cuando realmente pueda combatir la desaceleración. Sencillamente, Sánchez no parece querer iniciar ahora una legislatura con la losa añadida de una crisis financiera que solo podría combatir con medidas similares a las adoptadas por Rajoy en su momento.

Eso le enfrentaría a tensiones insalvables con sus socios de gobernabilidad, y la legislatura amenazaría con ser inestable y corta. El PSOE quiere urnas antes de que el parón económico sea más visible, y Podemos también porque Iglesias cree disponer de un «relato» potente contra Sánchez y porque teme que Errejón conforme una alternativa nacional a su partido que ahora mismo no existe. Salvo rectificación in extremis, PSOE y Podemos encaminan a los españoles a elecciones.

ABC