SÁNCHEZ, CADA VEZ MÁS AISLADO

El barómetro de GAD3 que hoy publica ABC demuestra que una mayoría de españoles (seis de cada diez) prefieren la celebración de nuevas elecciones en lugar de un Gobierno conformado por el PSOE y Podemos sustentado en ERC. Y eso que llevamos cuatro comicios generales en cuatro años.

Hasta con el hartazgo pueden las ocurrencias del sanchismo. Incluso casi la mitad de quienes eligieron la papeleta socialista, 2,7 millones, consideran negativa la «solución» que prepara Sánchez. Y en caso alternativo, los encuestados creen que sería preferible una gran coalición entre el PSOE y el PP, pero sin Sánchez como presidente.

Es evidente que la celebración de nuevas elecciones sería un fracaso colectivo sin parangón, y una demostración de que la fragmentación política es nociva para los intereses generales. Sin embargo, la expectativa de un gobierno social-comunista capaz de ceder ante el independentismo supondría la fulminación de los consensos constitucionales y una radicalización política hacia la izquierda.

España se halla ante un momento crucial de su historia democrática en el que el constitucionalismo y los acuerdos entre partidos moderados deberían imponerse, porque la subordinación a los intereses de un nacionalismo excluyente que ponga en riesgo la unidad de la nación sería un retroceso.

Sánchez está cada día más aislado por más que el PSOE guarde un silencio cómplice inadmisible. Ha impuesto una negociación con el separatismo de corte cesarista que además está causando alarma en el mundo económico por su dependencia de Podemos.

Su última decisión de negociar la investidura incluso con el partido de Torra, ese iluminado que está abocando a Cataluña a un desastre institucional, revela mucho sobre la falta de escrúpulos de Sánchez, y sobre su incapacidad para mantener la palabra dada en campaña electoral.

Hay una alternativa a la gobernabilidad sin que España tenga que depender de ERC y el PNV, que bajo una falsa apariencia de pragmatismo político están fabricando la coartada para que Cataluña y el País Vasco sean considerados como naciones.

Sánchez ha cometido una grave irresponsabilidad al invocar la condición de España como un país «plurinacional». Debería releer los primeros artículos de la Constitución para saber que no es así, sobre todo si pretende que el PSOE siga siendo un partido «constitucionalista».

Lo primero que debería intentar Sánchez es un acercamiento al PP, un partido sin la suficiente mayoría para poder gobernar, pero que tiene en su ADN la defensa de la nación. Reclamar al PP una abstención gratis, como viene haciendo el PSOE para gobernar en solitario y sin hipotecas, no tiene sentido.

Sin embargo, sí lo tendría ofrecer un gobierno de concentración nacional, una coalición basada en pactos de Estado irrenunciables, para que España pueda hacer frente a los retos y riesgos que se avecinan. Primero, porque eso supondría la desactivación del separatismo. Y segundo, porque es lo que desearían la mayoría de los españoles. Es el momento de los estadistas, pero para desgracia de los españoles, Sánchez no lo es.

ABC