SÁNCHEZ CONTRA LOS MARCIANOS

El Canal 24 Horas no dejaba de anunciar el discurso de Sánchez en la ONU, como si nos invadieran los marcianos. Ahora que tenemos un presidente que habla el inglés de los entrenadores portugueses, es el mejor momento para una invasión alienígena, que así se olvidan los ministros. Sánchez hasta estuvo por Times Square con todos los Men in black.

 Ir a Times Square es como ir a Doña Manolita, pero Sánchez no lo sabe. Él cree salvar al planeta de sus meteoritos de cine y hace todo lo que haría Morgan Freeman, un Morgan Freeman que va a Nueva York a comprar lotería. Su discurso, lo normal en la ONU, fue de reina de la vendimia y no nos salvó de nada. A él sí: de estar aquí ante el retrato de Dorian Gray de su Gobierno.

Sánchez, de gira o rodeo, abría las noticias de La Sexta con olor a amoniaco:«Hemos venido a limpiar, estamos limpiado y vamos a seguir limpiando». Limpiando, ya han llegado al encargado de RubalcabaVillarejo, y a la ministra Delgado, que cuando era fiscal de la Audiencia Nacional sólo pudo decir «éxito garantizado» ante una red de extorsión con prostitutas conectada con el gremio, o sea el Estado. Pero Sánchez no limpia esto porque no acepta «chantajes», salvo los de Torra y Puigdemont. Ni tiene «hipotecas», salvo aquella mediante la que consiguió la presidencia, y la de su promesa de ejemplaridad, que era como de virginidad, fácil de hacer y difícil de mantener, más entre tanto pajar.

A Sánchez le saca los colores hasta Verstrynge, que sale en Al rojo vivo como un muñeco de muelle. Aún no se conocía lo del putiferio y ya decía el viejo político, que parece un abrigo dado mil veces la vuelta, que «la ministra está muerta», por mentir y por «tener en contra a todos los jueces y fiscales». Bueno, no a todos. Emilio Fernández García, del ateneíllo de fiscales progresistas, aún decía que lo de los chantajes vaginales «no sabemos si es cierto». Ante la duda, lo normal es que una fiscal, ahora ministra de Justicia, se ría y celebre el concepto y la viabilidad del negocio.

Sánchez, raptado o sondado por marcianos (como Pedro Duque, un niño de E.T.), no recuerda su ejemplaridad. Sólo sabe que tiene que aguantar hasta que le toque la lotería o un láser le haga la última radiografía de sus huesos perfectos. En helicóptero, claro.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor