SÁNCHEZ CONTRA SÁNCHEZ

Tener enfrente a la oposición es normal, higiénico incluso, pues obliga a no dormirse en el poder. Tener críticos dentro del partido, aunque más incómodo, tampoco es mortal, pues los fallos se ven y corrigen mejor desde dentro. Lo grave es estar contra uno mismo.

Es lo que le viene haciendo Pedro Sánchez desde que se instaló en La Moncloa. La primera contradicción ocurrió de inmediato: había prometido convocar elecciones rápido. Pero anunció que acabaría la legislatura. De ahí en adelante, todo han sido rectificaciones, hasta el punto de obligar a su vicepresidenta a explicarlo con la calamitosa excusa de que hay un Pedro Sánchez de antes de ser presidente y otro de después.

Pero ni siquiera como presidente mantiene una línea recta. Ha tenido que surgir Guaidó en Venezuela para que abandonase el apaciguamiento con Maduro y se pusiera al frente de la demostración contra él, lo que le ha valido la reprobación de la izquierda con palabras muy fuertes.

Elegir un «famoso» como candidato a la alcaldía del ayuntamiento madrileño chocó no ya con miembros de su partido, sino con su propia declaración de «quien haya creado una sociedad instrumental para pagar menos impuestos no tendrá puesto en mí equipo», y resulta que el «famoso» la había creado. Sus promesas de prosperidad se han convertido en mayor paro y menor afiliación a la Seguridad Social.

La guinda la ponen los nacionalistas catalanes, advirtiéndole que, como sus líderes sigan en la cárcel y sean condenados, no apoyarán sus presupuestos. Lo que significaría, según una de sus ministras y él mismo ha dado a entender, la convocatoria de elecciones generales, aparte de ser lo más lógico, pues con 84 diputados no se puede gobernar. Claro que también él no ha descartado hacerlo con el presupuesto de Rajoy y las partidas más importantes del suyo aprobadas por decreto-ley. Iba a ser un auténtico lío, pero en otros peores se ha visto envuelto.

Estamos ante un doble chantaje: los secesionistas chantajean con no apoyar su presupuesto y Sánchez les chantajea con el gobierno de derechas que puede salir de unas nuevas elecciones, mucho menos dispuesto a hacerles favores. Pero para eso tendría que perder la presidencia y su decisión es mantenerse en ella cueste lo que cueste. Son rivales y cómplices al mismo tiempo.

Se necesitan tanto como se excluyen y buscan desesperadamente una fórmula para reconciliar sus diferencias sin traicionar a sus seguidores. Algo así como la cuadratura del círculo. Creen haberla encontrado en ese «relator» que toma acta notarial de lo que negocien, pero el único relato de esta tragedia es el de las mentiras, trampas y delitos que se han cometido tanto en un bando como en otro. Algo que sólo pueden resolver los tribunales.

José María Carrascal ( ABC )