¡ SÁNCHEZ, DIMISIÓN O DESTITUCIÓN !

Las elecciones celebradas ayer tienen dos perdedores clamorosos y una víctima. La víctima es España, que sale más enfrentada, más dividida, más ingobernable y más radicalizada aún de lo que estaba. Los perdedores no son otros que Albert Rivera y Pedro Sánchez.

La permanencia del primero al frente de Ciudadanos es implanteable, tras haber hundido a la formación que él mismo alumbró. Su renuncia debería producirse hoy mismo, en favor de Inés Arrimadas, si es que ella tiene fuerzas para echarse esa tarea a la espalda. En cuanto a Pedro Sánchez, debería haber dimitido anoche si le quedara algo de vergüenza o alguna vez la hubiera tenido.

El líder del Partido Socialista nos embarcó en una repetición electoral tan innecesaria como irresponsable, con el único objetivo de mejorar sus propios resultados y, con ellos, su posición negociadora. Ansiaba mandar en solitario y a ese propósito supeditó los intereses de la Nación e incluso los de su partido, que se ha dejado en ese camino suicida tres escaños, la mayoría absoluta que tenía en el Senado y dos posibles socios de gobierno.

¿Alguien dentro del PSOE tendrá el coraje suficiente para exigir su cabeza? ¿Por ejemplo, Susana Díaz, que ha mejorado en Andalucía? Si él no da un paso atrás, cosa altamente improbable dada su personalidad narcisista, y nadie le obliga a abandonar el poder, nos esperan tiempos sombríos.

Sin Sánchez, sería planteable, aunque ciertamente difícil de alcanzar, un gran acuerdo patriótico entre los dos partidos hegemónicos, forjado sobre la base de garantizar el respeto a la Constitución, frenar al independentismo, sacar adelante unos presupuestos capaces de combatir la crisis que se avizora y reformar la Ley Electoral para evitar futuros bloqueos.

Con Sánchez, únicamente existen dos opciones, a cual peor: un ejecutivo Frankenstein, integrado por socialistas y podemitas, con Pablo Iglesias en la Vicepresidencia y el apoyo en el Congreso de ERC, Bildu, Torra y demás separatistas, evidentemente a cambio de un alto precio en términos de soberanía, o más bloqueo, más parálisis y vuelta a las urnas dentro de tres meses. O sea, susto o muerte.

En el campo de los vencedores pírricos se sitúa en primer lugar el Partido Popular de Pablo Casado, que pasa de 66 a 88 asientos, sin por ello incrementar sus posibilidades de alcanzar la Moncloa. De haber logrado convencer a sus rivales en el centro-derecha para configurar una alternativa única agrupada en torno a España Suma, esa marca habría rozado la mayoría absoluta o incluso la habría superado.

Pero tanto Ciudadanos como Vox prefirieron ir en solitario. La formación naranja ha pagado con la irrelevancia ese grave error de cálculo, unido a sus constantes bandazos. La que encabeza Abascal pasa de 24 a 52 y supera al PP en algunas provincias, lo que justifica su euforia.

Ahora, sí, la ultraderecha irrumpe en el escenario español con una fuerza semejante a la que exhibe ya en paises como Francia o Alemania, veremos con qué consecuencias. La primera es que el PP se queda sin margen de maniobra ante el socialismo sanchista, so pena de verse arrasado por es a marea verde. Casado tiene las manos atadas, a menos que quiera entregar el liderazgo de la oposición a Abascal.

En el País Vasco se confirma la desaparición del centro-derecha nacional, mientras el PNV crece y los filoetarras de Bildu consiguen el quinto escaño. En Cataluña, ese espacio ideológico queda reducido a la marginalidad, ante el auge del independentismo más extremista y violento, encabezado por las CUP que desembarcan en Madrid.

Nada que celebrar.

Isabel San Sebastián ( ABC )

viñeta de Linda Galmor