SÁNCHEZ, DUCHA FRÍA

Nada nuevo. Una vez más lo que decía no se correspondía con la verdad. El miércoles, con Conte a su lado en La Moncloa y sonrisa exultante, Sánchez nos vendía la moto de Nadia Calviño como presidenta in pectore del Eurogrupo: «Soy razonablemente optimista en que podamos tener ese importante puesto para España y para un Gobierno feminista», explicó, con el toque de empalago «progresista» de rigor y encantado de haberse conocido.

Dos días antes ya había dicho lo mismo, agradeciendo los enormes apoyos de la candidatura, «tanto de países progresistas como de países con gobiernos conservadores». Todo el aparato propagandístico del Gobierno se sumó al desparrame de euforia. La prensa afecta vendió la piel del oso antes de cazarlo.

 El telediario del mediodía de TVE fue tan optimista, lo veía tan ganado, que le pregunté a nuestro corresponsal en Bruselas, Enrique Serbeto, si su cauta crónica en la web de ABC no sería un poco pesimista. La diferencia entre los grandes periódicos y los que no lo son tanto es que los primeros cuentan con periodistas que saben mucho. Enrique, perro viejo en Bruselas, le puso sordina a la euforia.

Él no lo veía nada, nada claro: «Tranquilos. Tened en cuenta que el voto de cada país vale igual. Aquí pesa lo mismo Alemania que Malta. No niego las posibilidades de Calviño, pero he remarcado también sus carencias, que son las del Gobierno al que pertenece». Lo clavó.

Como español siento que Nadia Calviño no haya sido elegida para presidir el Eurogrupo. España está sufriendo una conmoción económica brutal y de cara al rescate que vamos a necesitar resultaba útil contar con nuestra vicepresidenta económica en la sala de máquinas europea. Calviño, templada y preparada, contaba con un currículo suficiente. Entonces, ¿qué ha pasado?

Pues que una cosa es cómo ven al Gobierno los españoles, sometidos a una atosigante propaganda, y otra muy distinta es cómo se le ve con una mirada foránea, más fría y objetiva. Desengáñense: tener un Gobierno sostenido por partidos separatistas que aspiran a destruir el Estado donde manda ese Ejecutivo es un delirio que debilita la imagen de cualquier país (no ocurre en ningún sitio).

Tener un Gobierno con ministros comunistas, una ideología totalitaria multifracasada, obsesionados con perseguir a los empresarios, no vende un peine en la Europa económica. Tener un Gobierno que ya venía incumpliendo los objetivos de déficit y cuyo único programa se llama gastar sin límite, subir impuestos y exigir a los del Norte que me paguen mi pufo; no gusta en la Europa que sí se sacrifica para cuadrar sus cuentas.

Tener un presidente arrogante, que va de divino sin haber empatado con nadie, es la peor de las diplomacias. Y ser el país que junto a Italia arrastra los peores pronósticos económicos de la OCDE, debido a la pésima gestión de Sánchez ante la pandemia, hace dificilísimo que tu jefa de Economía presida el Eurogrupo.

Nos han vendido dos globos: la muy gris ministra Laya, a la OMC; y Calviño, al Eurogrupo. Pero hoy mismo llegará la explicación: la culpa es del maloso PP, que maquina contra España.

Luis Ventoso ( ABC )