SÁNCHEZ, EL POLÍTICO ROCA

Engañó a Felipe González. El líder ofendido lo escabechó con ira, expeliéndole de Ferraz. Los más destacados analistas lo etiquetaron con el rótulo de cadáver político. El muerto que González mató gozaba, sin embargo, de buena salud.

Emprendió con el ánimo bullicioso el camino de las primarias. Sorteó aristas y pedregales. Se benefició con los melindres de Susana Díaz: que si no, que si sí. La lideresa andaluza se equivocó completamente. Perdió ella la partida en el PSOE y se la hizo perder a Felipe González.

Pedro Sánchez, el político roca, retornó a Ferraz. Pablo Iglesias se dio cuenta de que la moción de censura era posible. Mariano Rajoy, no. Había comprado el voto de los cinco diputados del PNV por la módica cantidad de 5.000 millones de euros y estaba seguro de que no le fallarían.

Pero una cosa era la aprobación de los Presupuestos y otra la ventaja para el PNV de que se instalara en la silla curul de Moncloa un político de tortuosa ideología pegado como una lapa a la roca del poder. Sobre ella, por cierto, meditaba el filósofo de la política socialista. Vino un golpe de mar y se llevó por delante al filósofo. ¿Quién había sido más inteligente, el filósofo o la lapa?

Todos o casi todos se equivocaron al desdeñar a Sánchez, al denunciar sus tesis doctorales, al airear sus fraudes. El político roca se dedicó a ocupar los espacios preferentes de televisión, disputándole el cesto común de los votos de izquierda a Podemos.

Iglesias se dio cuenta demasiado tarde del error cometido al no exigir cargos ministeriales, cuando la moción de censura fue adelante gracias a la habilidad del líder podemita. Las horas embalsadas en la pequeña pantalla proyectaron a Sánchez como vencedor de las elecciones del 28-A, fragilizando de forma considerable los votos de Podemos.

Y a pesar de la jugada maestra de Iglesias, la semana pasada, cuando desbarató la excusa de su presencia en el Gobierno, ahí está Pedro Sánchez, el político roca, dispuesto a satisfacer en los próximo cuatro años su voraz ansia de poder a costa de lo que sea.

Ahí está, en fin, Pedro Sánchez, aquel cadáver político del año 2016, encaramado en la Moncloa mientras su sepulturero conversa contrito con José María Aznar ante las cámaras de televisión, cuando se perfila al fondo el Frente Popular, que si no se impone mañana será porque Redondo tal vez piense que al presidente le convienen nuevas elecciones.

Luis María Anson ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor