Nadia Calviño, a veces, debería meterse la lengua en un sitio que muchos de ustedes y yo sabemos.

El presidente del Gobierno está asustado por la mofa del independentismo catalán tras las escuchas, la incongruencia de haberlos admitido en la comisión de secretos del CNI y por la propia inflación. Lo primero y lo segundo tienen atenazado al Gobierno, pero el aumento de la inflación no deja dormir en Moncloa.
Dudo que, de seguir así, España pueda aguantar tasas de inflación que lleguen al 6,5% anual de forma continuada. Pedro Sánchez «El mentiroso» ya es un destrozo de presidente y una calamidad como dirigente, dicho con todo el respeto, pero con firmeza, realismo y contundencia.

¿Y si la inflación llega al 7% o más? Sencillamente tendríamos un escenario atropellado, además de un encarecimiento del coste de vida que alcanzaría hasta el 21 o 22%. Y si hay que aguantar así hasta el año 2023, adiós los planes de recuperación y la esperanza de mejora. Asusta leer en la prensa económica que «España sufrirá alzas de precios del 6% hasta 2024 si cortan el gas ruso y se disparan los salarios».

Para echarse a temblar porque hay muchos frentes abiertos que, hasta ahora, solo es capaz de analizar y explicar el Banco de España. Olvídense de los expertos del Gobierno porque cada tres días los datos que aportan dejan de ser fiables. No dudo de que, desde el punto de vista económico, tenemos el Gobierno más desastroso y torpe de la democracia. Reitero mis respetos, pero recalco mi certidumbre.

Si alguien piensa que la economía no se paralizará, que esté atento las próximas semanas. Mientras dure la guerra todo es posible. Me gustaría equivocarme. Nadia Calviño hace tiempo que perdió el norte y se sabe en Europa, donde cada día están más preocupados por el deficiente ojo clínico que demuestra la vicepresidenta primera y los erróneos datos que maneja. Su torpeza le llevó a descartar la estanflación; de ahí que el departamento de economía del BBVA saliera al día siguiente incidiendo en que el crecimiento podía llegar a ser plano, incluso negativo a partir de abril. Nadia Calviño, a veces, debería meterse la lengua en un sitio que muchos de ustedes y yo sabemos.

Fue una forma de sacar del atolladero del ridículo a la vicepresidenta Calviño. Hace tiempo que me fío más de Miguel Cardoso que de Nadia Calviño, como no me fío del mal uso de datos que hace la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz y su atropellado ejército de sindicalistas de botafumeiro.

Nadia Calviño viene demostrando que sus previsiones son cada día peores y más nefastas, siempre en sentido contrario a profesionales, financieros y analistas que no dudan en aventar fantasmas posibles con nombres de recesión y estanflación.

Veremos qué dicen Calviño, el torpe Félix Bolaños y el desnortado Sánchez sobre el acentuado déficit de las cuentas públicas. El Banco de España ya ha alertado sobre ello, pero el Gobierno es como el sordo que no quiere oír.

Ya saben que no hay peor sordo que el que no quiere oír, y es  quien por un oído le entra y por otro le sale. Esa sordera es muy propia de Nadia Calviño, incluso cuando se lo dicen a voces desde Europa. Veremos qué pasa con el plan de choque porque la subvención gubernativa de los 20 céntimos por litro en carburantes ya se la ha comido la subida del coste de vida.

No tardaremos en ver cómo las pensiones afectan a las arcas del Gobierno y al compromiso contraído. Hace unos días analizábamos cómo las pensiones deberían subir entre un 7,5 y un 8% en 2023. Sería la única forma de mantener un poder adquisitivo que los pensionistas están perdiendo a pasos agigantados. ¿Se imaginan las perras que tendrá que sacar el Gobierno de la hucha para mantener tal poder adquisitivo?

Varias revistas financieras han cifrado el coste entre 12.000M de euros y 16.500M de euros extraordinarios. ¿A dónde se nos irá el déficit público? Ni dando a la manivela del Banco de España encontraremos solución a corto plazo.

¿Dónde se nota la torpeza del Gobierno en el manejo de los fondos públicos? Hace tiempo que todos lo sabemos, pero la vía a seguir se la enseñó Núñez Feijóo al presidente Sánchez en su primera reunión en Moncloa y en el plan de estabilidad y crecimiento del PP.

Rebajar impuestos a clases medias y bajas es una solución de emergencia, pero eso asustó a Pedro Sánchez hasta el punto de ponerle nervioso, tenso, sudoroso y negativista. Los recortes son palabras malditas para cualquier socialista manirroto y despilfarrador. Veremos con qué herencia de facturas, millonarias comisiones e improcedentes gastos nos encontramos.

No nos da el artículo para abordar todos los problemas que atenazan y asustan al presidente. Pero sí quiero terminar con las medidas aprobadas por la Reserva Federal de Estados Unidos. Los precios desbordados han preocupado a todas entidades financieras, pero en España se sigue ignorando una realidad que acabará perjudicando a miles de familias hipotecadas.

No tardaremos en comprobar la subida de tipos de interés en medio punto, incluso tres cuartos de punto, ya tratada por los gobernadores de la FED. Recuerden que el Banco Central de Estados Unidos, es la institución responsable de supervisar el sistema bancario, además de definir y aplicar la política monetaria del país.

Miedo me da que los gobernadores de la FED apliquen el acuerdo de recortar en 120.000M de euros la compra de deuda. El objetivo es luchar contra los precios.

El Banco de España ya tiembla y los hipotecados de hipotecas variables también. Como decía un importante analista americano ¿Cuánto tardará el Banco Central Europeo en fidelizar y copiar las medidas de la Reserva Federal? El mundo financiero ya no habla de otra cosa.

Mientras, Yolanda Díaz y sus mariachis de los mal llamados sindicatos obreros, siguen «jugando» con el pacto de rentas a ver qué pasa.

Ya lo pagaremos.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )