SÁNCHEZ, EMPEÑADO EN CASTIGAR A LA CLASE MEDIA

Se nos escapa el motivo por el cual Pedro Sánchez se empeña en castigar a la clase media española, más allá de sus hipotecas parlamentarias. El último ejemplo es un ataque al ahorro en toda regla: el Gobierno estudia gravar más los ingresos por dividendos e inversiones financieras, las ganancias patrimoniales y, para más inri, sopesa la eliminación de los beneficios fiscales de los planes de pensiones privados, gracias a los cuales miles de ciudadanos pueden aumentar sus ahorros.

Con esta iniciativa, Moncloa asumiría otra de las recetas garrafales de Podemos. No nos sorprende que el Ejecutivo socialista se preste a la doctrina fiscal de la formación morada, seguro de ganarse así el beneplácito de Iglesias a sus Presupuestos. Pero sí nos preocupa el intento de enmascarar su debilidad bajo el falaz argumento de que solo afectará a las clases altas.

Para empezar, porque en España existen 9,7 millones de planes de pensiones. Se trata de productos que si bien se encuentran limitados a una aportación máxima de 8.000 euros anuales, ofrecen importes mínimos asequibles para la clase media. Además, es justamente la desgravación a Hacienda -no los intereses que puedan generar- lo que los convierte en vehículos de ahorro atractivos para dichas rentas.

Consciente de los beneficios y de que suponen un complemento a la Seguridad Social, el anterior Gobierno introdujo un cambio legal para que los usuarios pudieran recuperar el dinero a los 10 años de cada aportación -momento en el cual se tributa por él-, de modo que dispusieran del capital invertido antes de la jubilación sin penalización. Más allá de esto, bastaría que Sánchez mirase a Europa para percatarse del importante papel que tienen estos fondos privados, tanto personales como colectivos.

No es este el primer síntoma que el Gobierno da de esta lesiva fijación con la clase media. Por ejemplo,ni el impuesto al diésel responde a una motivación disuasoria -desde que se descarga de él a quien más contamina- ni ha calibrado el impacto en la ciudadanía de los impuestos a las tecnológicas o a las transacciones financieras. Cierto es que su aplicación final es una incógnita, porque la política fiscal de Sánchez da bandazos como un barco que hace agua. Pero con cada ocurrencia y vaivén aumenta el riesgo de naufragar.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor