SÁNCHEZ, ESE GRAN TRILERO

El presidente del Gobierno trasciende con creces los flirteos propios de una mayoría parlamentaria tan exigua como la que le permite ocupar la Moncloa para darse a la más desvergonzada promiscuidad.

Lo mismo le da ocho que ochenta: Pablo Iglesias, que hasta diez minutos antes de convertirse en su vicepresidente le provocaba pesadillas; Gabriel Rufián, representante de un partido que se jacta de haberse alzado contra la Constitución que él juró cumplir y hacer complir; Aitor Esteban, abanderado de la más rancia derecha nacionalista vasca; la bilduetarra Merche Aizpurúa, declarada enemiga de esa reforma laboral merced a la cual existe la figura del ERTE, esgrimida como gran remedio por su ministra de Trabajo pese a que muchos de los incursos en ellos no estén cobrando sus salarios por la inepcia gubernamental; y desde ayer también Inés Arrimadas, lideresa del nuevo Ciudadanos dispuesto a compartir trinchera con Podemos y PNV, en contra de la palabra dada a sus votantes.

Cualquiera que asegure temporalmente a Sánchez su permanencia en el poder le sirve como compañero de cama, por distintos y distantes que sean sus gustos políticos. En ausencia de principios, le sobran ambición y maquinaria propagandística.

Lo que le falta de coherencia, lo suple con arrogancia. Y sale airoso. Más difícil de entender es que siga encontrando incautos dispuestos a encamarse con él, aun sabiendo lo proclive que es al engaño y lo poco que tardará en darles boleta si le conviene.

La última en caer en sus redes de seducción ha sido la formación naranja, cuyo portavoz, Edmundo Bal, se alegraba ayer desde la tribuna de «haber enfadado a muchos» de sus votantes, se entiende. Y sí, lo cierto es que muchos de sus votantes estamos legítimamente enfadados, hasta el punto de arrepentirnos amargamente de ese voto.

Porque lo que se nos prometió en campaña es que Cs jamás estaría en el mismo lugar que Podemos o el separatismo, que es exactamente donde está. Salvando el pellejo a un Ejecutivo fracasado, incompetente, responsable de millares de muertes y de nuestra ruina, que aprovecha el estado de alarma para ejercer la más absoluta arbitrariariedad, recortar nuestras libertades e impulsar un proyecto totalitario de extrema izquierda.

¿A cambio de qué han dado ese sí los de Arrimadas? De nada relacionado con la unidad de España o la cancelación de esa mesa de la infamia pactada en su día entre socialistas e independentistas, toda vez que el propio presidente se encargó de dejar bien claro en su intervención ayer que sus socios siguen siendo los de siempre y que a quienes ama y regresará en cuanto sea posible es a los mismos que respaldaron su investidura; esto es, Podemos, ERC, PNV y Bildu.

Tampoco a la defensa de nuestra salud o nuestra economía, seriamente amenazados por la negligencia de este Gobierno y que preservarían mucho mejor las medidas enumerada por Pablo Casado, en línea con las adoptadas en la mayoría de los países de Europa. ¿Por qué entonces ese bandazo? La razón debe de ser inconfesable, aunque en algún momento la conoceremos. Todo se acaba sabiendo.

Tras una nueva prórroga innecesaria de la excepcionalidad que sufre España caben tres conclusiones: Primera, el trilero Pedro Sánchez está donde siempre ha estado, que es en la conservación del poder a cualquier precio. Segunda, la presunta ruptura de relaciones entre el PSOE y ERC es puro paripé. Tercera, el lider del PP se consolida como única alternativa liberal al social-comunismo imperante, si sabe unir a un centro-derecha abandonado por Ciudadanos.

Isabel San Sebastián ( ABC )