SÁNCHEZ, FALSO CENTRAL

Toda su trayectoria revela que Sánchez, en el mejor de los casos, carece de plan para España y, sencillamente, se deja arrastrar por los acontecimientos y las compañías si apuntalan su poder. En el peor, sí hay plan y está sugerido en la «declaración de Barcelona»: la transformación del modelo autonómico que culmine «en una profunda reforma federal, para (…) el mejor reconocimiento de la realidad plurinacional de nuestro país».

En todo caso, ahora toca fingir incomodidad con el secesionismo y resituarse. La oposición al sanchismo se enfrenta a una moderación impostada. Sánchez central es una coartada para inducir el desistimiento del adversario y ampliar la zona por donde se prohíbe circular emitiendo malos humos.

Se procurará fabricar un clima de distensión artificial. Aliándose con el deseo de pasar página que sobreviene tras la fase aguda de toda crisis. «He observado -escribía en 1800 Pauline de Tourzel– que en los tiempos de revolución ha habido siempre momentos de calma después de las grandes tempestades, y esto es precisamente lo que engaña a los que se ven sorprendidos por esta crisis.

Si las revoluciones se desarrollasen sin discontinuidad, la gente se pondría en pie para resistir, y quizá acabaría por triunfar. Pero como la corriente se remansa cuando ha arrastrado los primeros diques, uno se deja llevar por la esperanza de que todo ha acabado, y por temor de ver turbada esta calma relativa de que se goza deliciosamente, van omitiéndose las precauciones necesarias».

Vicente de la Quintana Diez ( El Mundo )