SÁNCHEZ INVOLUCRA A LOS PRESIDENTES AUTÓNOMOS EN LA INVESTIDURA PARA JUSTIFICAR SU

CONTACTO CON QUIM TORRA

Pedro Sánchez se enfrentará a su tercera investidura tras recibir ayer el encargo formal por parte de Don Felipe. Sin fecha, sin apoyos garantizados y sin información para la opinión pública. La única negociación abierta es con Unidas Podemos, para cerrar el programa de Gobierno, y con ERC para lograr su abstención.

Pero pese a ello el presidente en funciones anunció ayer que él personalmente se reunirá con Pablo Casado y con Inés Arrimadas, por separado, en el Congreso de los Diputados, el próximo lunes.

Sánchez agradeció a ERC «la actitud» en las negociaciones y rechazó dar detalles de las mismas. Pero a la vez insistió en que la responsabilidad es de todos los partidos. A su vez Adriana Lastra se reunirá además con todos los grupos con presencia en el Congreso.

Sánchez anunció que llamaría a los presidentes autonómicos. Este último formato no es usual en el marco de una investidura. Pero tiene un fondo clave. El independentismo reclama que se acepte al presidente de la Generalitat, Quim Torra, como interlocutor. Algo que Sánchez se estaba negando a hacer. Había rechazado sus llamadas y lo instaba a condenar la violencia. Pero ahora recuperará la vía de comunicación con él a través de esta ronda de llamadas.

Será además una ronda en la que la perspectiva es que varios, tanto del PP como del PSOE, le animarán a explorar una vía no dependiente de ERC. Ayer el socialista García-Page pedía claridad sobre la negociación con ERC de forma muy clara: diciendo que esperaba no necesitar vaselina como regalo estas navidades.

El Rey procedió al encargo tras una ronda de contactos con 18 partidos políticos, y en la que no participaron ni el BNG, ni Bildu, ni tampoco ERC. Los tres fuerzas que podrían apoyar al candidato socialista en la investidura. Y el último de ellos socio imprescindible y con una negociación abierta. Tampoco participó la CUP.

Es la tercera vez que Pedro Sánchez recibe el encargo del Rey para someterse a una sesión de investidura para obtener la confianza del parlamento. Hasta el momento nunca ha logrado superar este requisito legal. En un caso sin precedentes Sánchez es presidente sin haber logrado superar una investidura y sin haber logrado tampoco aprobar unos Presupuestos.

El calendario previsto inicialmente por La Moncloa contemplaba la la sesión de investidura en la semana que arranca el próximo lunes día 16 de diciembre. Eso habría derivado en que el nuevo Ejecutivo habría dispuesto de un Consejo de Ministros a pleno rendimiento antes de que termine 2020. Esa proyección de fechas ya es totalmente imposible, aunque en el Gobierno llevan días deslizando que el año termina el día 31, dejando la puerta abierta a una investidura entre Nochebuena y Nochevieja.

Con este mandato corresponde a la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, proceder a la convocatoria de un pleno de investidura. De facto es Sánchez quien determinará cuándo es esa fecha. La falta de detalle de la norma otorga al presidente en funciones discrecionalidad al respecto. El mandato recibido ayer no caduca en caso de que no se proceda a la convocatoria del pleno.

Tampoco se establecen unos plazos para que deba ser convocado. Y a la vez, si este no se produce aunque sea para resultar fallido no se pone en marcha el plazo para disolver las Cortes y proceder a la repetición electoral. Solo Pedro Sánchez maneja los tiempos ahora.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ya no espera el Gobierno por Navidades. O al menos ayer no lo defendió con el mismo entusiasmo que hace un par de semanas. «Nosotros no podemos decidir unilateralmente los tiempos», expresó Iglesias, que de soslayo apremió a socialistas y soberanistas a llegar cuanto antes a un acuerdo: «Nos gustaría que la investidura fuera pronto, pero lo importante es que la haya».

El líder de Podemos expresó ante el Rey un «optimismo» contenido: «Tarde o temprano habrá Gobierno», aseguró, porque, según dijo, «caminamos (PSOE, Podemos y ERC) en la buena dirección». Pero también admitió que «hay todavía mucho que hacer» y apeló una vez más a la «prudencia».

Su mensaje siguió la tónica de las últimas semanas: evitó valorar las intrincadas conversaciones entre socialistas e independentistas. «PSOE y ERC se están esforzando, tienen sus tiempos», repitió un par de veces. «Máximo respeto, no escucharán por mi parte nada que pueda perjudicar en la negociación», añadió. Una norma que tienen interiorizada en el partido desde que se firmó el acuerdo para formar el Gobierno de coalición.

Todo mesura. «Respecto a la negociación entre PSOE y ERC no tengo nada que decir», explicó el líder de Podemos. «Toca ser respetuosos», «no podemos poner fecha», añadió. Una mesura que choca con las palabras del portavoz de los comunes en la cámara, Jaume Asens, que ayer presionó a ERC advirtiendo que «el tiempo corre en contra».

Sobre el programa de Gobierno, Iglesias avanzó que «va bien» y que se presentará antes de la investidura sin concretar fecha. Tampoco quiso hablar de los «escollos» que están encontrando. «Sería una imprudencia atroz», zanjó.

En su comparecencia ayer en La Moncloa, en la que solo volvió a aceptar dos turnos de preguntas, Sánchez no quiso aclarar ninguna fecha. Ni siquiera descartar lo que queda de diciembre como escenario posible. Y también se negó a dar detalles sobre los contactos con ERC, expresando simplemente que «si se llega a un acuerdo» será público y dentro del margen de la Constitución.

La dependencia de ERC es tan fuerte que Sánchez tuvo que advertir que se refería al acuerdo en condicional para evitar que los de Oriol Junqueras se soliviantasen por dar por hecho el acuerdo, como sucedió la pasada semana.

ABC