Ya sabíamos que llegó al poder por la puerta falsa, que fue el primer presidente que incumplió la norma no escrita de que para gobernar en España había que ganar antes las elecciones. Ahora, por obra del Tribunal Supremo, sabemos además que lo logró haciendo trampa.

La morcilla que introdujo al dictado del PSOE un magistrado progresista en la sentencia de la Gürtel para afirmar que existía una «caja B del PP», el gran argumento moral de Sánchez para tumbar a Rajoy, acaba de ser borrado de un plumazo por el más alto tribunal español (eso sí, en esta España orwelliana no busquen la noticia en los titulares del cuasi monopolio televisivo «progresista» y en su prensa afín: no existe).

Conociendo su perfil psicológico, tendente al narcisismo y la venganza, casi no es de extrañar que Mi Persona se haya embarcado en una inaudita maniobra legislativa de entraña autoritaria para cortarle las alas a la justicia independiente. Y es que los jueces le están dando un repaso al Gobierno en este otoño.

Algo insufrible para un mandatario que había concluido que para él no existían límites, que podía mancillar sin penalización alguna todas las buenas prácticas que se venían observando en la democracia española hasta su llegada.

Resulta, ¡oh sorpresa!, que en España todavía pervive la justicia independiente. Y actúa. Primero, un juez colocó al vicepresidente Iglesias carretera al Supremo por sus enjuagues en el caso Dina, tildándolo además de machista. Después, el Tribunal Superior de Madrid le sacó los colores al tándem Illa-Simón -es decir, a Sánchez- por imponer limitaciones de movilidad sin el obligado cauce legal de un estado de alarma. Y ayer, doblete.

Una juez de Sevilla investiga a la Junta de Andalucía -era PSOE- por sus 80 millones de ayudas al fabricante de paneles solares Isofotón, hoy en liquidación. Escándalo que roza a la ministra de Hacienda, consejera en los gabinetes que otorgaron aquellas alocadas subvenciones, y a la vicepresidenta Ribera, alta directiva en la firma cuando se dilapidaron.

Y como clímax, la sentencia del Supremo sobre la Gürtel, que destapa con toda claridad la maniobra político-judicial ejecutada por el magistrado progresista José Ricardo de Prada para fabricar un argumento en forma de sentencia que ayudase a echar a Rajoy.

El PP no puede sacar pecho, ni mucho menos, ante la sentencia de ayer del Supremo sobre la Gürtel, que mantiene las durísimas penas contra la mafia de Correa y recuerda que el partido se lucró de sus andanzas corruptas. Tiene mucho de lo que avergonzarse.

Pero el Supremo aclara también que De Prada nunca debió incluir en la sentencia de la Audiencia Nacional su famoso párrafo sobre la caja B del PP, toda vez que «no puede haber responsabilidad penal sin acusación ni defensa».

Traducción: un juez progresista hizo de mamporrero del PSOE en una operación para echar como fuese a Rajoy, escribiendo una conclusión a la carta sobre algo que en realidad no se estaba juzgando.

Sánchez llegó al poder a lomos de un montaje espurio. La justicia así lo ha establecido. Por eso resulta crucial que preservemos su independencia, que con todos los medios cívicos y lícitos a nuestro alcance digamos «no» al plan para maniatarla.

Luis ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor