Mientras el PSOE y sus socios de Gobierno daban en el Congreso el primer paso para modificar la ley del Poder Judicial, que permitirá maniatar al órgano de gobierno de los jueces para hacer nombramientos clave en los tribunales, Pedro Sánchez puso en marcha otra campaña de marketing telefoneando al fin a Pablo Casado.

Sánchez sigue presentándose como una víctima indefensa de la derecha, al que le resulta imposible cumplir con el mandato constitucional de renovar el CGPJ.

Y a su vez, el PP es presentado como el partido que bloquea la democracia pese a los generosos ofrecimientos del PSOE. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

Desde luego, el CGPJ debe ser renovado siempre en tiempo y forma. Pero lo que exige Sánchez es un trágala inaceptable que permita a Podemos, ERC o Bildu interferir en los tribunales.

Cuando el PSOE bloqueaba, era solo un acto de justicia ideológica. Ahora, cuando el PP se opone, es una maniobra ultraderechista.

La eterna doble vara de medir.

ABC