SÁNCHEZ NO ES LÍDER PARA PACTOS

El mismo Pedro Sánchez que ha hecho de la división su seña de identidad política reclama ahora un gran acuerdo nacional para lo que llama la «reconstrucción» de España. Y ha tenido habilidad en las técnicas de propaganda para presentar su mano tendida nada menos que como la reedición de los Pactos de la Moncloa, cuya evocación le es tan grata a varias de generaciones de españoles.

Ha sabido tender con pericia la red de araña esperanzado en que a la oposición no le quede más remedio que caer rendida en ella. Porque la maquinaria al servicio del Gobierno lo tiene todo preparado para convertir en culpable de traicionar a España en esta hora tan crítica a aquel que se resista a los cantos de sirena.

Pero la realidad es bien distinta. Claro que hacen falta acuerdos con mayúscula ante la emergencia nacional. Lo que cabe preguntarse, sin embargo, es si Sánchez puede ser el presidente para liderar esos pactos.

No solo porque sigue demostrando que, en realidad, abomina del diálogo con las que llama «las derechas» -así se permite seguir vejándolas anunciando nuevas prórrogas del estado de alarma sin consultar nada, aun cuando necesita sus votos en el Congreso-, sino porque, lo que es más grave, su publicitada llamada a esos Pactos no se ha sustanciado aún en nada. Se pide a los líderes de los partidos, en especial al del PP, que acepten sentarse sin saber antes al menos de qué se va a hablar.

Lo que se traduce en despropósitos como el de los independentistas diciendo que aceptan el diálogo porque «ahora toca hablar del procés». Si en eso se va a entretener Sánchez, mejor harían los constitucionalistas en ahorrarse videollamadas estériles con la que está cayendo. La triste realidad es que no hay un documento de trabajo sobre la mesa y Sánchez ha dedicado mucho menos tiempo a la salvación nacional del que dedicó a precalentar sus reuniones con el inhabilitado Torra.

Así las cosas, cumple con su responsabilidad Pablo Casado reuniéndose hoy con Sánchez, pero no puede caer en su juego. No sería bueno para el interés general que siga extendiendo cheques en blanco ante el único horizonte de estados de alarma sucesivos que plantea Moncloa.

Igual que el presidente persigue con ahínco poco realista la mutualización de la deuda en Bruselas, pareciera buscar con estas reuniones la socialización de su propio fracaso, usar a la oposición como coartada ante los clamorosos errores en la gestión de la pandemia y su nulo plan hasta para aliviar el confinamiento.

Se vale Sánchez de liderar un PSOE hoy sin alma ni sangre, como se demuestra con el total ahogo de voces discrepantes o con la falta de grandeza hasta para honrar a quienes reconstruyeron el partido, como ha pasado en la muerte de Enrique Múgica, más homenajeado por otros que por los socialistas. Por tanto, necesitamos los ciudadanos tener al menos una oposición a resguardo de las redes de araña.

El Mundo