¿ SÁNCHEZ PARA RATO ?

Repasando los países referenciales de Occidente se percibe que la socialdemocracia ya no vende un peine. En Francia, el Partido Socialista se ha ido al garete y se registra un fuerte ascenso del lepenismo, que podría ganar las europeas. En Alemania, el SPD no levanta cabeza y ha tenido que resignarse a su rol de comparsa de Merkel.

En el Reino Unido, los laboristas, por mucho que se parlotee sobre Corbyn, lo cierto es que han perdido las dos últimas elecciones generales (y en las europeas puede imponerse un populista de derechas, el excéntrico brexitero Farage). En Holanda también gobierna la derecha y en Italia, el socialismo está fuera de juego.

En Estados Unidos, Trump mantiene a los demócratas desconcertados y tentados de girar a la izquierda (lo que acabaría de hundirlos). Sin embargo existe un gran país occidental donde acaba de vencer un partido socialista: España. ¿Por qué esa anomalía?

Desde la llegada de la democracia, el PSOE se ha convertido en el partido que más tiempo nos ha gobernado: 6 años de UCD, 23 con el PSOE y 15 con el Partido Popular. El mal llamado «progresismo» es hegemónico en la universidad (por lo tanto es el ideario que se inculca a nuestros estudiantes y futuros líderes). El gremio artístico-literario es mayormente izquierdista y también hay más periodistas zurdos que diestros.

Por último -y esto es una teoría personal perfectamente discutible-, el pueblo español es más bien antiliberal. La Ilustración llegó tarde, y de modo doloroso, y el régimen franquista en realidad estableció un sistema de fuerte protección social estatalista. Los españoles, que son más de un «puesto segurolas» que del riesgo de la aventura empresarial, se sienten cómodos con gobiernos harto intervencionistas.

Por ejemplo, nos resistimos a admitir la evidencia de que nuestra particular legislación laboral está en la médula del alto paro endémico de España (13,9% frente a 3,9% del liberal Reino Unido). Nuestro clima de opinión hace que lo usual sea que las elecciones las gane el PSOE. Y más hoy, con casi toda la televisión a su favor y la derecha partida en tres y entregada a una folclórica y suicida guerra civil.

La alternativa conservadora solo ha logrado imponerse en las urnas en situaciones críticas. En 1996, por la podredumbre del felipismo final y por la resaca de la crisis económica de 1993 (González, hoy saludado como un gran estadistas, ¡dejó una cifra de paro a Aznar del 22,8%!). En 2011, por la angustia nacional ante la irresponsabilidad del zapaterismo tras el crack de 2008. Pero si no hay un buen susto, aquí gana el PSOE.

La conclusión es que puede haber Sánchez para rato, sobre todo al contar con las televisiones (su primera medida fue asaltar RTVE). La única manera de que las fuerzas liberal-conservadoras puedan gobernar pronto pasaría porque se fundiesen en una única marca y que apareciese una televisión fuerte que remase a su favor (para entendernos, una Sexta de derechas).

De no suceder eso, el PSOE solo será relevado si llega una turbulencia económica y pasa lo de siempre, que vuelven a dejar al país en semiquiebra.

Luis Ventoso ( ABC )