SÁNCHEZ, PERTURBADO

Pedro Sánchez no encuentra los términos necesarios para calificar -quizás inquietantes- las revelaciones judiciales sobre el caso de la tarjeta telefónica que retuvo y manipuló su vicepresidente de Escudos Sociales y Persecuciones Periodísticas.

Tampoco termina el presidente del Gobierno de dar con el adjetivo que mejor defina -quizá perturbador- el decreto improvisado por Pablo Iglesias para legitimar los insultos a los medios de comunicación que lo desenmascaran. «¿Hay algo que te inquieta, te atormenta o te perturba?», pregunta la adivinadora que sale por la tele de madrugada, que es cuando Sánchez tiene un rato para evadirse.

«Lo del Rey, lo del Rey», barrunta Sánchez mientras sube el volumen con el mando a distancia. «Si necesitas en estos momentos hablar con alguien que te escuche y que te oriente…», sigue la vidente, cuyo número de teléfono no atina a apuntar el líder socialista.

«Mejor lo suelto en la rueda de prensa de Giuseppe Conte», se dice el presidente del Ejecutivo, con la redundante esperanza de que Esperanza Gracia lo escuche. Sánchez se quedó con lo de inquietar y perturbar, como una contraseña dirigida a su salvadora, y ayer esperó la ocasión para confesar en público su angustia, en busca de un cruce de miradas televisivas y una llamada purificadora.

Al presidente del Gobierno, no hay más que ver cómo y con quiénes se mueve, de todo lo que ha sucedido y pueda suceder en España lo que le perturba e inquieta son las informaciones que aparecen sobre Don Juan Carlos. Lo dice de forma sibilina, con esa finura que gasta para marcar con rotulador las noticias que importan e interesan, el «clamor» al que se refiere su ministra portavoz para marcar terreno y agenda. Actúa igual que Pablo Iglesias, pero sin insultar a nadie. Aparentemente.

Sánchez destila la zafiedad del vicepresidente segundo y la convierte en bálsamo, pero su discurso es idéntico. Tira por elevación y no da nombres, pero oficializa la división entre medios de comunicación buenos y malos, de la misma manera que Iglesias. Los que recomienda el presidente del Gobierno son los que «no miran para otro lado» e informan de lo que le perturba y le inquieta.

El resto no merece la pena. A quienes perturba Pablo Iglesias debería comenzar a inquietarles, por balsámico, Pedro Sánchez.

Jesús Lillo ( ABC )