Mala semana para nuestro providencial presidente, el primero de que se refiere a sí mismo como «Mi Persona». Las collejas de la UE lo han obligado a una Operación Reculada en su aberrante plan de atar a la justicia. La moción de Vox también le ha salido rana.

La Moncloa vendió que Abascal se iba a comer a Casado crudo y con kepchup, pero sucedió al revés. En el frente epidémico, Sánchez sigue sin dar una, pero la crisis se agrava y el viernes hubo de recuperar con urgencia el «Aló Presidente». Por último, y para desgracia para España, se demoran los fondos europeos, el salvavidas que constituye el único programa económico del Gobierno.

Pero la factoría del marketing nunca se detiene y este sábado ya tenía programado un golpe de efecto: una audiencia con el Papa en el Vaticano (a petición del Gobierno). A fin de ir endulzando la cita, Sánchez incluso invocó varias veces en sus refriegas con Abascal la última encíclica de Bergoglio, a pesar de que el Gobierno está inmerso en una ofensiva contra la educación y los valores católicos. Nada podía salir mal.

La mayor parte de la flamante encíclica Fratelli Tutti es una reflexión política (por eso los católicos debemos leerla con respeto, pero no estamos obligados a tomarla como infalible, pues solo se da esa cualidad cuando el Papa habla ex-cathedra de dogmas de fe)

El izquierdismo del texto concuerda con muchos lugares comunes de nuestro «progresismo»: condena del «neoliberalismo» y el «globalismo», lamentos por «unos sistemas de salud desmantelados», énfasis ecologista y hasta un cuestionamiento del derecho de los empresarios a la propiedad privada. En el encuentro tenía que haber química. Así que allá se fueron Begoña y Pedro -ufano ateo-, con sus mejores galas enlutadas y caritas de circunspecto respeto. Pero saltó la sorpresa.

Tras 35 minutos de audiencia privada, el siempre imprevisible Francisco, que en diciembre cumple 84 años, sentó a la comitiva en una biblioteca y con las cámaras grabando impartió una lección de ocho minutos a Sánchez sobre los deberes de un buen político.

El Papa le dejó varios recados en relación a sus coqueteos con los separatistas: «Es muy triste cuando las ideologías sectarias se apoderan de la interpretación de una nación, de un país, y desfiguran la patria». Le recordó que hay que preservar la patria, «porque la recibimos de nuestros mayores y la tenemos que dar a nuestros hijos».

Resaltó que «el político tiene la misión de consolidar a la nación» como «un organismo de leyes» (es decir, no sirve dejar que los separatistas se fumen la legalidad para seguir en la poltrona). Hasta le soltó que «la política no es cuestión de maniobras, sino de servicios».

El gran maniobrero escuchaba con rostro hierático y tenue sonrisilla de circunstancias. El Papa nunca diserta en público con aquellos recibidos en audiencia, más allá de algún guiño cortés. Además, el Vaticano divulgó el vídeo de la lección de la biblioteca, tal vez conocedor de la laxa relación del sanchismo con la verdad.

Difícil tomarle el pelo a la milenaria diplomacia vaticana.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor