SÁNCHEZ QUIERE TODO GRATIS

La ronda de contactos que inició ayer el Rey para comprobar los hipotéticos apoyos que pudiera tener Sánchez para ser investido presidente nació bajo el signo del efectismo electoralista, y con una frivolización del papel constitucional de la Corona de ser censurada.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se ha descolgado a última hora con una oferta atractiva pero que debe ser interpretada en clave preelectoral: abstenerse junto al PP para que Sánchez sea investido a cambio de que el PSOE se plantee la aplicación del artículo 155 en Cataluña y se comprometa a no indultar a los golpistas si son condenados; de que Sánchez asuma las reformas económicas que exige Ciudadanos sin subidas de impuestos, y la «recuperación de Navarra para España».

La música suena bien y parecería una solución ideal frente al bloqueo político, pero la oferta parecía diseñada para ser rechazada por el PSOE. Más aún, esta suerte de alianza del constitucionalismo frente al separatismo y al populismo de extrema izquierda sería una salida razonable para España que evitase las urnas.

Sin embargo, Ciudadanos pudo presentarla en abril, cuando se celebraron las elecciones, o durante los cinco meses que han transcurrido. No fue así y por eso el ofrecimiento de Rivera tiene mucho de oportunismo táctico, de partida con cartas marcadas, y de reorientación de Ciudadanos después de que los sondeos, de modo unánime, estén pronosticando una caída para este partido si se repitiesen los comicios.

También el PP ha hecho lo propio proponiendo ahora a Ciudadanos y al PSC una moción de censura contra Torra en Cataluña para forzar elecciones en esa autonomía. Lamentablemente, todo parece artificial a estas alturas de una legislatura fallida que, si llega a arrancar, lo hará bajo el estigma de una debilidad absoluta y con una fractura en el multipartidismo dañina para España.

Nuestro país necesita más altura de miras y no la improvisación de pócimas mágicas carentes de recorrido. Pedro Sánchez nunca ofreció a Ciudadanos, ni tampoco al PP, una coalición de gobierno, cosa que sí hizo con Podemos para buscar juntos los apoyos externos del independentismo. Jamás estuvo en la mente de Sánchez nada que no fuera una cesión gratuita de los demás partidos, y jamás contempló gobernar con las propuestas e ideas que provinieran de lo que siempre denominó con desprecio «la derecha extrema».

Nunca quiso cerrar ningún pacto de Estado con Pablo Casado o con Rivera, e incluso lanzó un mensaje demoledor al pactar con Bildu para que el PSOE alcanzase la presidencia de Navarra. El socialismo es rehén de sus errores y de la obsesión de Sánchez por romper el constitucionalismo creyendo que eso le dará réditos electorales. Lo demás son juegos florales pésimos para los españoles, que ven a diario cómo se pone a prueba su capacidad de indignación y hartazgo.

ABC