SÁNCHEZ REGRESA AL SECTARISMO

Es difícil apelar a la responsabilidad personal de los ciudadanos para que acaten el confinamiento mientras sus representantes acuden al Congreso a celebrar un pleno presencial, aunque sea en escasísimo número. Cuando las empresas hacen un esfuerzo para fomentar el teletrabajo y evitar así la propagación del virus, los representantes debieran compartir las normas que rigen para sus representados, pues disponen de medios telemáticos para ello.

Resultan sangrantes casos como el de Adriana Lastra, que cinco días atrás anunciaba su cuarentena «por responsabilidad», o el del propio Sánchez, que primero toleró la presencia de Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros del sábado -estando su compañera Irene Montero contagiada- y ayer intervino en las Cortes estando su esposa igualmente contagiada. De poco sirve elogiar a una limpiadora del hemiciclo cuando se le obliga a una tarea que podría habérsele ahorrado.Pero lo peor del debate de ayer fue el preocupante retorno de actitudes sectarias

Pero lo peor del debate de ayer fue el preocupante retorno de actitudes sectarias. Cuando creíamos que la pandemia había logrado convencer a Sánchez de la necesidad de renunciar a la estrategia divisiva que le ha guiado para alcanzar la Moncloa y mantenerse en ella, he aquí que ayer el presidente recuperó la táctica de hacer oposición a la oposición, en la creencia de que la mejor defensa es un buen ataque y en el momento más inoportuno: cuando el principal partido de la oposición le brinda todo su apoyo.

En vez de despachar la letal negligencia como «sesgo retrospectivo», pedir perdón y aceptar con gratitud el respaldo de la oposición para liderar una respuesta unitaria a la crisis, Sánchez deslizó que la culpa de que en España el virus se comporte con mayor virulencia que en ningún otro sitio la tienen los recortes del PP.

Como si la sanidad privada no estuviera salvando vidas con la misma entrega que la pública; como si las manifestaciones ideológicas del 8-M autorizadas por Sánchez cuando la epidemia ya galopaba por Italia y se descontrolaba en Madrid no hubieran disparado los contagios que hoy amenazan con colapsar los hospitales; como si el Estado de bienestar fuera patrimonio del PSOE; o como si María Jesús Montero, cuando fue consejera de Sanidad de Andalucía, no hubiera acometido también recortes y favorecido la sanidad privada como eficaz complemento de la pública.

No es una comisión sobre la situación de la sanidad lo que demandarán los españoles cuando todo esto acabe, sino una de investigación sobre la responsabilidad de este Gobierno en el agravamiento de la crisis.

«Lo más duro está por llegar», reconoció Sánchez. Y ahí dice la verdad. Por eso mismo haría bien en retomar el tono presidencial y constructivo, prescindir de la tentación cainita y tomar la mano que con lealtad le tendió Casado ayer, cuya colaboración como partido de Estado cuando llegue la recesión siempre será más fiable que el chantaje separatista y el populismo de Podemos.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor