SÁNCHEZ RETROCEDE EN REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Por muy impredecible que se avecine el futuro, dado el devenir del presente no parece aventurado concluir que el tiempo situará la moción de censura impulsada por Pedro Sánchez como una de las menos constructivas. Quien acusaba a su predecesor de deteriorar la democracia desde La Moncloa, ha recorrido en medio año de mandato un camino que dista mucho de la regeneración democrática prometida.

Lo reprochaba hace escasos días Transparencia Internacional en un informe tan severo como esclarecedor: «El nuevo Gobierno no ha realizado cambios sustanciales en la política anticorrupción […] La regeneración no parece estar entre sus prioridades». A esta preocupante inacción se unen movimientos perpetrados por el propio Sánchez que bien pueden calificarse de retroceso en este sentido.

Caso que está alcanzando unos niveles de alarmismo altísimos es el de Rosa María Mateo como administradora provisional de RTVE. «En un mes tendremos al presidente del ente público nombrado y a todo su consejo de administración», declaró una pletórica Isabel Celaá en junio de 2018. Ocho meses después, la realidad es que la mujer auspiciada por Sánchez como administradora temporal sigue al frente y, para más inri, hundiendo a su buque insignia, los telediarios de La 1, en el más absoluto descrédito.

El consejo de informativos clama desde hace tiempo «con urgencia una pronta resolución» a esta situación. Pero sus palabras caerán en saco roto: el proceso de selección de la nueva dirección se encuentra más que empantanado entre recursos e irregularidades, como ha detectado el propio comité del ente. Ya lo decía cierto emperador: «Si quieres que algo se demore eternamente nombra una comisión».

Sánchez bien parece sufrir del cesarismo que padecía el autor de la cita anterior, solo que cuatro siglos más tarde. La psicológica es la única explicación viable para comprender cómo quien se envolvió en la bandera de la regeneración para ganar las primarias de su partido en 2017 prometiendo la creación de unas reglas para evitar dedazos y profesionalizar los altos cargos de la Administración de las empresas públicas, ya ha colocado señalando con su dedo a 25 directivos.

Un método poco efectivo para acabar con la «partitocracia» y el «capitalismo de amiguetes» que denunciaba. El paralelismo con lo que está ocurriendo en el PSOE madrileño es invevitable. Sánchez no solo ha maniobrado entre bambalinas para colocar a Pepu Hernández como candidato a la alcaldía de Madrid, sino que al defender públicamente y sin rubor su nombre ha violado la neutralidad que recogen los estatutos del partido del que todavía es secretario general. Por cierto: Hernández montó una sociedad para ahorrar impuestos. Una práctica poco solidaria y ejemplarizante.

El Mundo