Desde hace un tiempo se ha impuesto cierta utilización de la palabra patético para definir comportamientos,  cosas o situaciones grotescas o ridículas.

Aunque dicha acepción está recogida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su entrada segunda (Penoso,  lamentable o ridículo), creo que la primera, cuyo significado según la RAE es «Que conmueve profundamente o causa un gran dolor y tristeza», se ajusta mucho mejor al origen de dicha palabra.

La raíz de esta palabra está en el término griego -pathos- que tenía un significado asociado a emociones desgarradoras y de gran intensidad y sufrimiento (la desesperación de una Madre por la muerte de su Hijo, etc.), que fueron magistralmente expuestas en las tragedias de los grandes autores griegos clásicos (Sofocles, Esquilo y Euripides) y que en la escultura plasmó, como nadie, el gran Skopas que consiguió humanizar el mármol para transmitir ese desgarro interior de la Madre que pierde a sus Hijos.

Hoy, por desgracia, vivimos en España más situaciones patéticas que en mucho tiempo por culpa de este malgobierno socialcomunista (50.000 muertos por el virus chino con unos paisajes de desolación humana brutales, y las consecuencias traumáticas de una crisis económica, por la nefasta gestión de estos sátrapas de cuarta, que está socavando la capacidad de millones de Familias para seguir adelante).

Las personas ridículas no sé si serán más o menos que antaño, pero tenemos a un malgobierno cuyos miembros son una fuente inagotable de ese colectivo, hasta tal punto que su imagen debería asociarse a dicho concepto.

Aunque resulte complicado elegir a alguno, de esta patulea gubernamental, el máximo exponente de la ridiculez, por responsabilidad «in eligiendo», es Sánchez «el mentiroso» quien adorna su propia ridiculez con una egolatría y mendacidad infinitas

Pero, además, este sujeto no está solo y, por desgracia, está perfectamente acompañado por una cohorte de paniaguados desorejados que le aplauden, servilmente, su ridiculez y que con ello asumen ser parte de la misma.

El Presidente del gobierno (que NO es el presidente de los españoles ni de España) ha efectuado tantos ridículos «domésticos» que no me atrevo a detallar por la prudencia en la extensión de este texto, pero de los cuales existe un excelente fondo videografico y sonoro en la hemeroteca.

Pero como todo en la vida suele causar más sonrojo la proyección personal «fuera de casa» que lo que ocurre intramuros. A las majaderías de Sánchez «el mentiroso»  ya nos habíamos medioacostumbrado en España, pero observar el desempeño de nuestro representante en la reciente cumbre europea llena de sonrojo a todo buen español y espanto por la imagen que ha proyectado de los españoles.

Pues este tiparraco ha sido recibido en Moncloa y en el Congreso como si hubiese realizado una gesta descomunal solo al alcance de los semidioses, cuando lo que ha hecho es avergonzarnos públicamente a todos.

Retratado queda el susodicho y todos sus «criados», aunque, para nuestro mal, en el extranjero, el estigma generado por ese fatuo y engolado ególatra de Sánchez recaerá en todos los españoles durante demasiado tiempo.

Sánchez «el mentiroso» que se presentó en Moncloa y en el Congreso cual caballero andante, a lo único que ha llegado tras esta cumbre europea es a RIDÍCULO ANDANTE.

Rafael López ( El Correo de España )