Uno de los problemas de tener un Gobierno pirotécnico es que la misma pólvora que se usa para provocar anuncios fatuos puede achicharrar a cuantos se congregan a las puertas de La Moncloa para aplaudir fervorosamente el espectáculo de luz y de color.

El acto de ayer, «España requetepuede», fue como un segundo pase para espectadores rezagados, una suerte de segunda sesión de todo lo dicho hace apenas unas semanas, para dar apariencia de accion y pasar revista a las prietas filas de un empresariado cautivo y en primer tiempo de saludo.

Alguien debería estar ya calculando el coste de tener a los primeros ejecutivos del país pegados a la pantalla durante más de una hora escuchando lo que ya saben de sobra, porque ahora resulta que es obra y mérito del fatuo Pedro Sánchez que España disponga de un sistema de energía fiable y sostenible, un modelo turístico ejemplar o una red de telecomunicaciones envidia de Europa.

Nada. Podemos irnos a dormir tranquilos (y tranquilas, por supuesto) porque el presidente se ha echado España a la espalda -pues… ¡más valiera que se la tomara a pecho!-. Y así, entre Sánchez y su doncel Iván Redondo se han sacado de la manga un cebo a ver si pican en Bruselas y aflojan el parné a la carrera.

«Políticas tractoras», «justicia intergeneracional» o «transición ecológica inclusiva» son el trile con el que los mismos autores del «Hemos derrotado al virus» animaban hace un par de meses a los españoles a marcharse de vacaciones alegremente al grito de «Hemos salido más fuertes», sin especificar que ese «Hemos» eran sólo ellos, apenas unos cuantos.

Ya digo, más de una hora de gramática parda y «power point» delante de los gerifaltes del Ibex-35, para terminar diciendo que va a crear una Comisión Interministerial presidida por él mismo y apoyada por una unidad de seguimiento, con Redondo. Valga la redundancia, debió añadir.

Al olor de la sardina nadie quiso perderse el responso, convocado de urgencia y gestionado como si de un cuartel del siglo pasado se tratase. Con unas previsiones de crecimiento económico para 2021 que no se cree ni quien las puso en negro sobre blanco, y un techo de gasto desbocado, había que hacer un teatrillo para Europa, que los países frugales -Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca, y, en ocasiones Finlandia-. nos siguen con lupa y esos no parecen tan dispuestos a tragarse alegremente los trágalas del señorito.

Y, como guinda, la novena sinfonía de Beethoven para agradar en los despachos a Europa, donde hace tiempo que nos perciben como el Réquiem de Mozart.

Lo dicho, que hay mucho caradura, por digital, justo e inclusivo que se pretenda ser. Y es que es un gran problema querer servir para todo y, sobre todo, no servir para nada.

María Jesús Pérez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor