SÁNCHEZ, » SINCERO Y DE CORAZÓN »

Como cada fin de semana desde que estamos enjaulados, y por tanto a tiro de propaganda, no ha faltado la preceptiva alocución de Sánchez como si fuese el jefe del Estado, rol que constitucionalmente no le corresponde.

En la nueva emisión de «Aló Presidente», serial que uno sigue con atención profesional y sopor existencial, emergió un nuevo Sánchez, ecuménico y beatífico, un apóstol de la concordia.

Ofreció «un gran pacto de reconstrucción económica y social del país» (ha aparcado ya la coña de los Pactos de La Moncloa). El momento estelar llegó cuando buscando la cámara con ojillos de teatral inocencia nos soltó: «Mi propuesta es de corazón y sincera». Al escuchar la frase pensé que de repente se iban a oír unas risas en off, como en las viejas telecomedias de Bill Cosby.

La esforzada Adriana Lastra, que fue incapaz de completar sus estudios y no ha tenido jamás nómina fuera de la política, suple con una lealtad ciega al líder su escueta fortuna en la lotería de la capacidad. Que hoy sea la número dos nominal del PSOE da idea del elenco de estrellas del partido.

Hace tres días, Sánchez la lanzó en el Congreso contra la oposición. Adriana se quedó a gusto. Llamó a Casado «inútil, falso, desleal e inseguro». Al PP, partido «indigno, bochornoso e incompetente», dedicado «a alimentar bulos, mentiras y odios».

Tras días después de esa retahíla de piropos, llega una propuesta de su jefe, «de corazón y sincera», para que los partidos se unan y «dejen fuera las palabras gruesas y el lenguaje agresivo».

«No saldrá de mis labios ni un reproche, ni una crítica, ni un desplante», proclamó Gandhi Sánchez, el autor de «no es no, ¿qué parte del no no entiende?», el tipo que nos mantuvo cuatro meses sin Gobierno porque se negaba a reconocer la victoria de un adversario «indigno» que había ganado las elecciones con 17 escaños más de los que él tiene ahora.

Un presidente que apela a la unidad y que durante trece días no se dignó a telefonear al líder de la oposición, sumidos en lo que llama «la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial».

Tal vez acostumbrado a tratar con Adriana, Sánchez cree que puede chotearse de la inteligencia de los españoles. Pero su última maniobra es demasiado zafia. Lo que en realidad pretende es mutualizar sus pifias entre todos los partidos.

Busca un apoyo general a su figura que proscriba la crítica y borre la terrible pregunta que hoy lo desenmascara: si el Gobierno lo ha hecho tan bien como proclama, ¿cómo es que somos el país del mundo con mayor tasa de mortalidad en relación a su población?

Demandar a la oposición que se vuelva ciega y muda, que rinda pleitesía a un gobernante que ha gestionado con torpeza esta complejísima crisis, denota que Sánchez se fumó las clases de Primero de Democracia.

Pedir apoyo sin concretar para qué supone además apelar a la fe ciega en un político hasta ahora siempre volátil y liante. ¿Un gran pacto de país? Eche del Gobierno a su socio populista, que ya fábula con intervenciones marxistas en las empresas, rompa con los separatistas antiespañoles que lo sostienen, y se podría empezar a hablar.

Esa es la oferta que le harían millones de españoles, «de corazón y con sinceridad».

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor