SÁNCHEZ TROCA LIDERAZGO EN AUTOBOMBO

Es cierto, como subrayó Pedro Sánchez, que España atraviesa la situación más grave desde la Guerra Civil. Luchamos contra un peligrosísimo enemigo invisible que amenaza con llevarse muchas vidas por delante y con dañar seriamente nuestro modelo económico y de bienestar social.

En este contexto excepcional, qué duda cabe de que como comunidad nos hace falta liderazgo político, que le corresponde ejercerlo al presidente del Gobierno. Entre sus responsabilidades básicas estos días está la de informar con absoluta transparencia a la opinión pública, así como ejercer un rol de guía para una nación profundamente angustiada que necesita sentirse protegida por el Estado.

Dicho esto, hay que distinguir muy bien entre el liderazgo y la propaganda o el ejercicio populista del poder; no cabe enmascarar la gestión, con sus errores y aciertos, en follajes mediáticos.

Y esto último es precisamente lo que hizo Sánchez el sábado con una intervención que solo parecía un lavado de imagen por las críticas recibidas en los últimos días por tantos desaciertos del Gobierno, sobre todo por su inacción hasta las irresponsables manifestaciones del 8-M, y que fue un ejercicio fatuo de engorde de culto al líder.

Teniendo en cuenta que el presidente tenía intención de ofrecer ayer una rueda de prensa tras su reunión virtual con los presidentes autonómicos, en la que dio cuenta de algunas medidas y anunció que solicitará al Congreso la prórroga del estado de alarma al menos otros 15 días más, no se entiende a qué vino la larguísima intervención televisada del sábado por la noche en la que no anunció absolutamente nada y se dedicó a vanagloriarse de algunas de sus decisiones, a repasar un sinfín de datos conocidos por todos de sobra y a reiterar mensajes que incluso pierden fuerza cuando suenan demasiado manidos en boca de un dirigente político.

Sánchez sabe que hay mucha indignación en buena parte de la población. Porque, como bien explicábamos ayer en EL MUNDO, la gestión de la crisis del Covid-19 durante los primeros 45 días fue muy errática. La imprevisión y el tancredismo han permitido que el zarpazo del virus sea mucho mayor.

Tiempo habrá para la depuración de responsabilidades, que no cabrá pasar por alto. Pero ahora la prioridad es la que es. Por ello, Moncloa no puede pretender con un ventajismo insoportable librar una batalla de propaganda.

Sánchez debe dirigirse a la Nación cuando toca, no aprovecharse del cargo para dedicarse a sí mismo espacios de más de 70 minutos como el del sábado, sin contenido alguno, en horario de máxima audiencia -arrancó un cuarto de hora después de lo anunciado para que no coincidiera con la cacerolada contra Iglesias y él-, disfrazando de liderazgo lo que es autobombo.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor