SÁNCHEZ, UN PROBLEMA DE ESTADO

La negociación del PSOE con ERC y Unidas Podemos está basándose en unas prácticas viciadas por la opacidad y el engaño. Pedro Sánchez huye de los medios de comunicación porque no quiere verse expuesto a las preguntas de periodistas independientes sobre la situación de sus promesas a los republicanos separatistas, sobre las presiones -otra vez- a la Abogacía del Estado para que satisfaga sus necesidades políticas o sobre la deslealtad en Europa con las instituciones democráticas españolas, incluido el Tribunal Supremo.

Una deslealtad diaria y creciente que hace que los socios europeos, y los tribunales de la UE y de cada Estado miembro, se pregunten por qué tienen que marginar o entregar a España a los mismos independentistas catalanes con los que está negociando el PSOE.

Este partido se está comportando como un problema para el Estado español, porque socava sin piedad su crédito en Europa, porque refuerza a partidos anticonstitucionales y antiespañoles y porque ha aceptado objetivos políticos incompatibles con la defensa del Estado de Derecho. Quien pacta con Junqueras está insultando a los magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo y despreciando las leyes aplicadas por este órgano judicial.

Pero toda esta situación dramática para España no es suficiente. Pedro Sánchez quiere más, y por eso aumenta la tensión de la ausencia de gobierno chantajeando a los pensionistas.

Después de haber prometido lo contrario, el Consejo de Ministros anunció ayer que no habrá incremento de las pensiones hasta que se forme Gobierno, lo que en la jerga manipuladora del PSOE acabará significando que la culpa de que no suban las pensiones es del PP, que no se aviene a regalar a Sánchez una investidura para presidir el gobierno social-comunista pactado con Iglesias.

Los españoles no deben acostumbrarse a esta forma de actuar políticamente que está protagonizando Pedro Sánchez, porque es una perversión del poder democrático, de las instituciones y hasta de la legitimidad electoral. No hay precedentes en la democracia española de un gobernante tan lesivo para el interés nacional.

Sánchez ha infiltrado en la opinión pública la «normalidad» de pactar con golpistas separatistas, de aceptar un gobierno con comunistas de retórica estalinista -con todo lo que esto conlleva- y de abandonar los intereses nacionales en Europa.

Aquí no valen los lamentos en privado o con la boca pequeña de tres o cuatro barones socialistas, porque todos están pasando por el aro de una deriva del PSOE hacia posiciones claramente extraconstitucionales, cuando no directamente anticonstitucionales. El problema de Estado es Sánchez.

ABC

viñeta de Linda Galmor