SÁNCHEZ: UNA VELA A DIOS Y OTRA AL DIABLO

Sánchez salvó este miércoles la quinta prórroga del estado de alarma en una votación que puso en evidencia las grietas en la mayoría parlamentaria que le aupó en la investidura y que, finalmente, se saldó con la abstención de Bildu.

La formación abertzale arrancó al Gobierno el compromiso de derogar íntegramente y en un plazo corto la reforma laboral que aprobó el PP, clave de bóveda de la recuperación económica hace una década. Al margen de la irresponsabilidad de poner en almoneda una norma medular para la economía, este apaño con una formación heredera de ETA resulta indigno para España y para el PSOE.

Máxime teniendo en cuenta que se produce al día siguiente de que los cachorros de los proetarras violentaran el domicilio de Idoia Mendia, líder del PSE, y justo después de que Interior aprobara el acercamiento de tres presos de ETA a cárceles del País Vasco y Navarra.

Resulta bochornoso esta forma de Sánchez de poner una vela a Dios y otra al diablo. No se puede condenar la violencia de quienes se sienten legatarios del terrorismo y después apoyarse en unas siglas que ejercieron de brazo político de la banda.

Asimismo, la votación retrató la debilidad de la coalición Frankenstein como consecuencia de la negligente gestión de la emergencia y del empeño de Sánchez en hacer continuas fintas a sus compromisos.

 El Gobierno es víctima de sus errores, de su incapacidad, de sus incoherencias, de su errónea búsqueda de aliados no fiables y, sobre todo de sus mentiras. Que Cs permitiera sacar adelante la extensión de la alarma no significa que Inés Arrimadas se haya convertido en el nuevo socio del Gobierno.

El apoyo de Cs ha tenido la virtualidad de hacer aflorar todas las contradicciones insalvables que sustentan la heterogénea mayoría de Gobierno. Lo que sí está claro que el Ejecutivo pierde crédito y aliados. Rufián amenazó con hacer descarrilar la legislatura tras haberse roto el «espíritu» de la investidura.

Otros socios, como Compromís, también abandonaron la coalición, que sí logró retener el respaldo clave del PNV. Este chalaneo de equilibrios se debe a la irresponsabilidad de Sánchez, que despreció cualquier acuerdo con PPy Cs y corrió a abrazarse con separatistas y radicales.

No se puede gobernar una nación como España y sin un rumbo claro, tal como advirtió Casado. Se acabó el tiempo de perpetuar una situación constitucional de excepcionalidad, apoyándose, para más escarnio, en los herederos de ETA.

La crisis provocada por la pandemia exige altura de miras. Sánchez haría un favor al interés general si tendiera puentes a la oposición constitucionalista. En caso contrario, las duras reformas que están por venir terminarán de dejarle a merced de los acontecimientos.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor