SÁNCHEZ VUELVE A DESENTERRAR A FRANCO

Lo que más está marcando la peripecia del Gobierno socialcomunista es el escándalo protagonizado por el ministro José Luis Ábalos al recibir en Barajas a una jerarca del narcorrégimen chavista proscrita en Europa y sus infames pactos con los golpistas catalanes y los alabarderos de la organización terrorista ETA.

Ante semejante panorama, y con una situación económica que empieza a tener color de hormiga, Sánchez ha decidido recurrir nuevamente al comodín de Franco para excitar a sus votantes más cerriles y exacerbar el odio contra quienes no comulgan son su agenda liberticida y su indecente entreguismo a los enemigos de la Nación.

La resentida sin causa Adriana Lastra, ignara portavoz socialista en el Congreso, ha anunciado una reforma del Código Penal para que incluya el delito de apología del franquismo y puedan así los socialistas y sus socios veneradores de asesinos de masas como Lenin perseguir a todo el que se atreva a llevarles la contraria.

Se trata de una nueva vuelta de tuerca en la infecta Memoria Histórica diseñada por el infame chavista José Luis Rodríguez Zapatero para envenenar la convivencia y dinamitar el legado de la Transición.

Lo más indignante es que todo este vasto plan de amordazamiento de la sociedad sea obra del PSOE, el partido que convocó a la Guerra Civil, el partido que conspiró con saña contra la República, el partido que provocó el derramamiento de tanta sangre.

El partido que, hoy, ha empotrado en el Gobierno a comunistas confesos jaleadores del sanguinario socialismo del s. XXI que impera en Venezuela y pactado con la siniestra ERC –con quien comparte historial criminal– y con el partido de la ETA asesina –entre otros–.

La respuesta de la oposición y de la sociedad civil a este asalto socialcomunista a la libertad ha de ser contundente. No vale ponerse de perfil ni, mucho menos, claudicar ante la presión de la izquierda más siniestra. Hay que plantarse y denunciar a la canalla tiránica que pretende imponer a la ciudadanía un régimen de servidumbre e intoxicación orwellianas.

Libertad Digital