SÁNCHEZ Y EL NACIONALISMO

Es preocupante la estrategia con la que el presidente del Gobierno afronta la campaña para las elecciones gallegas y vascas. Ayer Pedro Sánchez arropó en Galicia al candidato socialista, Gonzalo Caballero, en un acto monocolor: se dedicó exclusivamente a atacar a Núñez Feijóo, agitando sin fundamento espantajos como la corrupción.

Sánchez adopta la confrontación más bronca para intentar arrancarle al PP su mayoría absoluta en esta comunidad. Pero no deja de ser paradójica tanta virulencia contra el actual presidente de la Xunta, que en los últimos 11 años ha hecho de la moderación y el constitucionalismo sus banderas.

Y que, mientras, Sánchez dé alas al nacionalismo también en Galicia, consciente de que el PSOE no puede aspirar aquí a otra cosa más que a aliarse, una vez más, con la amalgama de partidos minoritarios nacionalistas de la comunidad para reeditar un Gobierno imposible como el de Touriño que tan mal recuerdo dejó.

Alarman tantas hipotecas de Sánchez con el nacionalismo. Así se explica su bombona de oxígeno a un PNV que llegaba a los comicios en horas bajas por la pésima gestión de Zaldibar. El presidente le ha regalado al lehendakari Urkullu una apacible y provechosa campaña tras anunciar la cesión de nada menos que 14 nuevas transferencias competenciales, entre ellas la gestión de la Seguridad Social.

Es esta una reivindicación histórica del PNV a la que se habían negado siempre los socialistas y que, como adelantamos ayer, tanto inquieta a voces autorizadas del partido. Sánchez, por interés personal, parece más interesado en dar vida a los nacionalistas y en retorcer la Constitución que en defenderla.

El Mundo