Tras un falso suspense sobre el voto de sus socios parlamentarios, el Gobierno consiguió ayer que el Congreso de los Diputados convalidara su decreto de medidas sobre ahorro energético. Como en tantas ocasiones anteriores, EH Bildu, ERC y el PNV han montado su teatrillo particular con críticas a la forma de actuar que tiene el Gobierno con sus ‘decretazos’ y amagando con votos negativos que nunca se concretan, pero que sirven para justificar las cesiones que Pedro Sánchez tiene concedidas de antemano.

Así funciona la legislatura de este Gobierno de coalición, dedicado principalmente a sobrevivir y a luchar contra las encuestas, a hombros de separatistas, independentistas y proetarras que cada día dejan más claro ante la opinión pública que su candidato a La Moncloa es Pedro Sánchez.

Los ataques al PP y a Alberto Núñez Feijóo forman parte de una propaganda desesperada, pero cuya inutilidad ha sido contrastada en las urnas de Madrid, Castilla y León y Andalucía. Entre Pedro Sánchez, por un lado, y Arnaldo Otegi, Gabriel Rufián y Aitor Esteban, por otro, no solo hay necesidades recíprocas, sino objetivos compartidos, y el más importante de ellos es evitar que la derecha vuelva al poder.

Mientras el Gobierno premie a separatistas y proetarras y mantenga a los comunistas de Unidas Podemos en el poder, no tendrán ningún motivo para votar en contra de Sánchez, ni en dejar de comulgar, sobre todo los ministros morados, con ruedas de molino.

El problema es que esta forma de entender el gobierno es cortoplacista y España necesita, por supuesto, medidas que atajen eficazmente sus diferentes crisis, pero también proyectos a largo plazo, que generen confianza en los ciudadanos y los agentes económicos.

El decreto aprobado ayer por el Congreso, además de ser otro golpe de mano antiparlamentario del Gobierno, es un ejemplo de la política del menudeo, de la política entendida como una realidad degradable. Se trata de una norma oportunista, que mezcla medidas sobre transporte terrestre con becas, abonos gratuitos para Cercanías y controles de temperatura.

Cuanto haya de razonable en este decreto queda sepultado por las tácticas del PSOE para prefabricar su discurso contra Feijóo y empezar una campaña electoral que se prevé especialmente adversa para los socialistas.

La falta de sinceridad del Gobierno con sus declaraciones públicas de preocupación por el futuro inmediato de nuestro país queda al descubierto desde el momento en que descarta abordar seriamente el debate sobre la energía nuclear. Todo su discurso sobre el apocalipsis energético se centra en su no subir o en bajar la temperatura de locales y edificios públicos, orillando la inoportuna crisis con Argelia o las contradicciones internas del Ejecutivo sobre el gasoducto con el resto de Europa.

Sin embargo, países con gobiernos que, al menos, hablan claro, han dado el paso para suspender el ‘apagón nuclear’, como Alemania y Japón, que han entendido la situación y han medido la perdurabilidad de sus consecuencias negativas. Cuando se dice que no hay que dejar a Putin que gane la guerra del invierno, se trata de un compromiso al que no llega Sánchez.

A Putin no se le ganará con enrocamientos ecologistas contra la energía nuclear, declarada ‘verde’ por la UE, sino liberando a las sociedades europeas de los prejuicios con los que el dictador ruso mantiene secuestrados a muchos biempensantes líderes occidentales.

Japón y Alemania son la cuarta y quinta potencias económicas mundiales y, a pesar de su capacidad productiva y fortaleza industrial, o precisamente para preservarlas, no están dispuestas a negarse ninguna opción, siquiera la nuclear.

ABC