SÁNCHEZ Y ZAPATERO

«El viejo PSOE que conocimos ha muerto -escribe uno de los periodistas más sagaces con los que cuenta España- y de enterrarlo se va a encargar este personaje todo ambición, dispuesto a convertir el partido que rescató Felipe González de la nada en una franquicia de Podemos que acabará engullido por los soviets deIglesias».

Pedro Sánchez tiene conciencia clara de lo que supone su alianza, ya desenmascarada y en boca de todos, con Pablo Iglesias. Como ha explicado Felipe González, estamos ante el abrazo del oso. Sanchistas destacados creen que para eludir el riesgo es necesario que su líder se robustezca dentro del PSOE. No parece fácil. Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba, Joaquín Almunia, Alfonso Guerra, José Luis Corcuera, por ejemplo, están abiertamente en contra de la política del secretario general, salvo en el acuerdo con Rajoy para combatir el órdago secesionista catalán.

Queda José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente se manifestó a favor de Susana Díaz en las primarias pero es hombre flexible y no repele a Podemos, tal vez por su mediación en Venezuela favorable a Nicolás Maduro. No parece aventurado vaticinar que el entorno de Pedro Sánchez va a trabajar para que José Luis Rodríguez Zapatero se entienda con el actual líder del PSOE. Con muchas veladuras y no pocos tapujos, el acuerdo parece posible, permitiendo al secretario general salir del aislamiento dentro del partido y presentar una faz menos incierta en su dirección.

La mayoría del actual Congreso de los Diputados es hostil a Mariano Rajoy. El presidente se ha visto obligado a comprar los escaños del PNV a mil millones de euros por cabeza. Pero esa desmesurada adquisición solo concierne a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2017. Para satisfacer su ambición de instalarse en Moncloa, tan obsesiva y exorbitante, el secretario general del PSOE estaría dispuesto a pagar el doble, en una maniobra que armonizara los 179 ó 180 escaños hostiles a Mariano Rajoy. Eso solo lo puede conseguir Pablo Iglesias. El líder podemita, además del voto de su partido y de sus mareas, tiene mano hábil y capacidad para encauzar el de las agrupaciones de extrema izquierda y los partidos secesionistas.

La moción de censura no es una entelequia. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias permanecen agazapados pero pueden saltar a la yugular de Rajoy en cualquier momento. Si se pusiera en marcha la maniobra censora, y Pedro Sánchez solo lo hará cuando le convenga, el presidente no podría disolver el Parlamento hasta que se sustancie. Mariano Rajoy, que tiene certera información de lo que en Ferraz se cuece, se adelantará disolviendo las Cortes y convocando nuevas elecciones generales.

Para Pedro Sánchez resultará muy útil, en cualquier caso, el entendimiento con José Luis Rodríguez Zapatero. La flexibilidad del expresidente, su crédito en los sectores más a la izquierda del partido y su capacidad para hablar con los pesos pesados socialistas contribuirá a que el secretario general salga del laberinto de la soledad y contemple el futuro dentro del PSOE sin desasosiego. Cosas muy raras deberán ocurrir para que no se consume la alianza y el entendimiento entre Sánchez y Zapatero.

Luis María Anson ( El Mundo )