SANTY VILA

El tema catalán ha tomado una deriva nueva. O sea, ha cambiado de rumbo, pero eso es un argumento cojo. De hecho, mucha gente cambia de rumbo radicalmente para quedarse como estaba. Es la teoría de los 360 grados, la famosa vuelta de bailarina (alrededor del propio eje) que reduce la física a la categoría de chiste. Que nadie se llame a engaño: si giras 360 grados para quedarte como estabas, has hecho un pan como unas tortas. Yo lo comparo con el movimiento Puigdemont, el hombre que hizo de la política un continuo estado de vértigo. Él es el único que realmente pretende quedarse como estaba.

Puigdemont, al que muchos catalanes siguen llamando «el nostre president«, marea la perdiz en Bruselas tratando de convencer a todos. Pero la locuacidad de Puigdemont tiene difícil acomodo en la sociedad de los escuchas paseantes. El ex presi nunca reconoció tener ambición política, pero se puso a buscarla y la está encontrando en el bosque donde ha fijado el escondite junto con su pandilla de consellers. Allí, bajo el silencio de los liquidámbars rojos, terminará por aparecérsele Junqueras en la hora untuosa del amanecer, mientras él duerme con la cabeza hundida entre las sábanas. Además de tímido, miedica.

Cierto es que el PDeCat, el partido al que se entregó Puigdemont por consejo de sus mayores, ya no está para muchas alegrías. Debería encomendarse a la virgen de Nuria, como hace el poeta. Permítanme que aclare este extremo. Poco antes de morir Azorín, cayó en mis manos su dirección postal y, como cualquier adolescente coleccionista de autógrafos, le escribí. Muy pánfila debía de ser mi carta, pues cuando Azorín contestó yo era incapaz de comprender el sentido de sus palabras. «¿Cuándo debemos decir sí? ¿Cuándo debemos decir no?», proseguía el escritor. Y remataba: «Encomendémonos a la virgen de Nuria, como hace el poeta». Tampoco sabía que yo que los poetas se encomendaran a la patrona de Girona.

Cada vez más desdibujado Puigdemont, cobran fuerza nombres nuevos. El más oportuno es Santi Vila. De oídas nos han llegado cosas sobre su carisma. Pero lo que no nos llega de oídas, sino de sabidas, es que dimitió para no votar la DUI.

A propósito de Santi Vila, escribía Rubén Amón: «Mejor libre en la España de siempre, que preso en la Cataluña de ahora». Vila (44 años) es quizá el único hombre del independentismo que no es independentista. Ahora dice que no se presentará al 21-D por ética. Esperaremos.

Carmen Rigalt ( El Mundo )