No sé lo que van a decir los cinco magistrados del Tribunal Supremo sobre si se consideran la petición del Juez García Castellón de imputar Pablo Iglesias,  que es uno de los 17.603 aforados  que pertenecen a las instituciones del Estado y de las Comunidades Autónomas, pero el vicepresidente del gobierno no tiene ninguna duda de que se va a ir de rositas a pesar de que el juez instructor considera que ha podido cometer los delitos de  “daños informanticos, revelación de secretos y denuncia falsa”

Sin embargo, el hombre que solo tenía una camisa roja para los días que se pone de limpio, ha dicho que “es imposible e inconcebible que le imputen”,  y para  despejar cualquier duda que pudieran tener los que no pertenecen a esa casta privilegiada, ha añadido “Todos sabemos lo que va a decir el Tribunal Supremo al respecto, y el Presidente del Gobierno está al corriente”.

Si no fuera porque estoy escribiendo este texto en horario infantil yo diría una blasfemia para que retumbase en el firmamento, pero  me limitaré a afirmar que Pablo Iglesias no es un demócrata, tampoco cree en la división de poderes y ha confundido a propósito estar aforado con ser impune. De hecho aspira que se modifique el sistema de renovación de cargos en el Poder Judicial para conseguir “al más puro estilo chavista”  unos jueces sometidos a criterios políticos emanados del gobierno.

En el esquema mental del líder de Podemos y su tropa de fieles y disciplinados voceros,  no cabe otra idea que la de en acudir en tromba disparando insultos, descalificaciones y amenazas contra jueces, periodistas, políticos de la oposición y cualquier ciudadano que ose opinar sobre la eventual responsabilidad penal en la que, si se demostrase, pudiese haber incurrido el «vicepresidente de asuntos varios e inconcretos» que se sienta en el Consejo de Ministros con un puño cerrado y con el otro amenazando al Presidente de atenazarle sus partes pudendas.

Este intento de protegerse a sí mismo, caiga quien caiga aunque sea su propio partido, está haciendo que simpatizantes de la formación morada se expresen en contra de esta actitud porque como han publicado en ”Foro Podemos”, temen que arrastre  con él al partido.

Yo sí creo en su presunción de inocencia, pero también creo en la acción investigadora de la justicia de la que nadie debería librarse si es objeto de la razonable sospecha de haber delinquido.

Podemos se ha erigido en el único juez que dicta sentencias de condena o absolución en este país en crisis, y lo hace con la connivencia del gobierno de Sánchez que solo se diferencia en estos asuntos del de Iglesias en que han estudiado y no eructan a mitad del almuerzo.

Estamos hablando de asuntos graves y es fundamental que la Justicia haga su trabajo contra los responsables del espionaje desde el ministerio del Interior a Bárcenas para proteger a Rajoy, los abusos de prostitución a menores tutelados en Baleares, los líos andaluces del PSOE que colean, o las múltiples guarrerías de los gobiernos nacionalistas o independentistas  catalanes.

Un buen consejo sería. “ Saquen sus sucias manos de la justicia”.

Diego Armario