Nunca me han gustado las ucronías pero, si la tiranía cubana calzara botas altas y espuelas la voz armada del mundo libre, con sus mercenarios de la OTAN y sus papanatas de la vieja farsa democrática, ya habría convertido en Normandía el Malecón de La Habana.

Pero Cuba es una tiranía de alpargata comunista cuyo salvoconducto universal sigue siendo la celebérrima foto de Alberto Korda del Che Guevara, criminal sin Núremberg al que su temprana y violenta muerte mudó en el Aquiles de los comunistas de la segunda posguerra mundial, allá por los felices años sesenta del siglo pasado, cuando todas las pijas progres de la Europa Occidental licuaban sus bragas con la foto del Che para regocijo de los zares rojos de Moscú y de sus mandarines de Pekín, que contemplaban felices cómo la progresía adocenada en la prosperidad capitalista había convertido la Revolución Cubana en la Iliada posmoderna , a su asesino más implacable, frío y desalmado, Ernesto Guevara, al que una foto y una bala boliviana elevaron a los altares, en el icono político-sexual de la izquierda capitalista, y a Fidel Castro en el Ulises caribeño que llevaría al mundo a la Ítaca de la Dictadura del Proletariado, donde las rojillas tontas de Chanel serían la hetairas de los héroes de Sierra Maestra y de Bahía Cochinos.

Han pasado sesenta y dos años. La sangre, la miseria y el terror comunista han coagulado al pueblo cubano en el reverso de la foto del Che Guevara, con la que las nietas de aquellas rojillas idiotas de los años sesenta siguen licuando sus tangas mientras acunan sus sueños húmedos y sus calentones revolucionarios con Silvio Rodriguez y Pablo Milanés.

Ni califican a Cuba de dictadura ni condenan a los sicarios comunistas que encadenan al hambre y al miedo a los cubanos, porque todas ellas siguen soñando, como sus abuelitas, con ser la Helena de Troya del Che Guevara. Ellos también.

Ese es el Rapto de Europa de la posmodernidad, y no el que Zeus perpetró con la princesa asiática que bautizó con su nombre a nuestro viejo y caduco, degradado y decadente Continente. El rapto comunista de la progresía europea, convirtiendo la foto del Che Guevara en el Caballo de Troya universal de la Revolución Cubana.

El grito de los cubanos torturados por el comunismo se ahogará, otra vez, en el murmullo de los alisios atlánticos y en los sueños húmedos de los socialistas y comunistas españoles con el comandante Che Guevara.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )