Hará una semana de la comparecencia del excomisario José Manuel Villarejo en el Congreso de los Diputados. Lo más relevante para los medios sobre tan siniestro personaje han sido sus declaraciones acerca de la preocupación que determinados sectores del Estado mostraban por el apetito sexual del Rey Emérito.

Sus palabras sobre la existencia de un entramado criminal vinculado con los poderes estatales han sido recogidas como una anécdota extravagante por algún medio[1]; incluso Gabriel Rufián no quiso entrar en las acusaciones del excomisario sobre que dicho entramado implicaba a todos los partidos, es de suponer que para no perjudicar sus contactos con el Partido Socialista en unas circunstancias en las que éste depende tanto del apoyo secesionista, y optó por insistir en si dicho entramado tenía alguna relación con los trapos sucios del Partido Popular[2]. Más en serio han tomado el asunto desde medios de la izquierda secesionista vasca, que han aprovechado para vincular esta trama con los GAL[3].

Y hablando de tramas… Hace años Podemos sacó a la calle un autobús precisamente con esa denominación para denunciar una presunta campaña orquestada desde las cloacas del Estado contra Pablo Iglesias y su entorno; hoy, con cargos en el Gobierno de España, el entorno mediático podemita justifica las declaraciones de Villarejo como las de un hombre «utilizado»[4].

No es la primera vez que desde Podemos cambian de opinión ante un escándalo con el excomisario de por medio. Pablo Iglesias pasó de exigir la dimisión de Dolores Delgado como ministra de Justicia por los audios de una cena con Villarejo y Garzón (sí, aquellos donde llamaba «maricón» a Marlaska) a justificar el formar parte de un Gobierno junto a la susodicha en base a unas inexistentes disculpas[5].

Podemos, al igual que los partidos del Régimen del 78, no ha dudado en variar su discurso en función de si ocupaba escaños en la oposición o en el Gobierno; algo de esperar con multitud de temas, pero muy llamativo si hablamos de acusaciones sobre crímenes de Estado pronunciadas no en un canal de Youtube o Twitch, sino en el mismo Congreso de los Diputados. ¡Y decían que venían para limpiar las instituciones y devolvérselas a la gente!

La Sección Pi señalada por Villarejo podría ser fruto de los delirios o la estrategia de éste en sus causas judiciales y no haber existido nunca. No obstante, también en su momento los socialistas negaron la implicación del Gobierno de Felipe González con los GAL e incluso pretendieron atribuirlos al terrorismo de «extrema derecha».

Y por algo han existido desde tiempos inmemoriales los servicios secretos vinculados al poder de turno, en ocasiones muy entremezclados con la corrupción institucional y el crimen organizado, algo que obviamente jamás se reconocerá ni por medio de todas las leyes sobre transparencia institucional habidas y por haber. Lo insultante es cuando estos entramados enarbolan el nombre de la Patria para sus repugnantes negocios.

Tal vez en un futuro, cuando no afecte en demasía, se desclasifiquen documentos donde se explique con pelos y señales quiénes eran y cómo actuaban los integrantes de esta Sección Pi. Aunque es de suponer que, al igual que ocurre con los documentos más delicados sobre el 23-F, su posible existencia beneficie a los mismos que se lucran con independencia del poder político de turno.