SECRETISMO

Que la democracia española está involucionando es un hecho objetivable. Que ha perdido calidad, también. En ese sentido, Fernando Simón ha dado un nuevo paso. Ahora resulta que los nombres de los miembros de la comisión de expertos son secretos.

¿Pero en qué país estamos? Y después, a toda esta cofradía se le llena la boca con progreso y libertad. Vivimos un tiempo tan inquietante e incierto, tan frágil en tantos sentidos, que quien ostenta el poder y tiene la capacidad de dirigir nuestro destino debería ser sumamente escrupuloso con la información y con la transparencia.

Desgraciadamente, no es el caso de quienes están al frente de España. Muy al contrario, atacan nuestra libertad y utilizan este prolongadísimo estado de alarma para ocultar y para tapar.

En un mundo de percepciones como el actual, el ciudadano tiene la impresión de que algo ocultan y no son precisamente cuestiones relativas a la parte científica de la pandemia.

Fernando Simón, en realidad, se está convirtiendo más en un activista del agitprop que en un técnico acreditado.

Su secretismo solo genera desconfianza.

El Astrolabio ( ABC )