SEGUIREMOS AGUANTANDO LOS MARTILLAZOS

El Vicepresidente del Gomierdo, con sus actuaciones fuera de razón, está confirmando la idea casi unánime en todo el territorio nacional, de que parece ser, si es que no lo es, un tío simple, con repelente presencia, y marcadas hechuras de totalitario macarra que a su estrafalario capricho, asalta y salta por encima de las normas generales de convivencia que obligatoriamente debemos observar el resto.

Pablo Iglesias bis, fue, por si aún queda alguien que lo ignora, el introductor en España del escrache al que piense diferente, alcanzando calidad de especialista de primera en escraches, título del que se aprovechó durante el tiempo que duró su aprendizaje político (de alguna manera se sigue aprovechando) a la cabeza de la jauría roja; su «ejército personal» que le permitió y aún le sigue permitiendo sin riesgo físico -no alcanza a media bofetá- mostrar su tan típica valentía del cobarde, que se plasma en elegir maléficamente a la persona que será la diana a atacar, el modo y el mejor momento en el que la grosera fuerza física y decibélica -él y sus esbirros- mil veces mayor que la posibilidad de aguante que pudiera disponer la víctima para defenderse (así lo hemos podido ver en las pantallas de las televisiones) entre en estremecedora acción. Estrategia que le ha dado un magnífico resultado.

Pero ahora, además de su genético macarrismo totalitarista filo mafioso, con apestosa apariencia -espero que solo sea apariencia, por el bien de quienes tengan la obligación de estar en su cercanía- casa como el pinrel de la Cenicienta en el zapato de cristal, con el cliché bolivariano de «comandante» de la amenazadora jauría roja, que le hace sentirse todopoderoso, al sumar el respaldo que le otorga Poder político, alcanzado de aquella manera, tan parecida a la negociación en el «barrio chino» de cualquier ciudad del Mundo, de un salido consumidor de sexo, sucio y callejero, con una prostituta con sospechosas muestras de desconocer la existencia del agua: «moza; ayúdame a satisfacerme que ando mu necesitao; po favo, po favo«.

Dice -que dicen- el cliente con ansia, mientras trata de que los ojos no se le salgan de sus órbitas, viendo por el escote la carne femenina, que es lo único que alcanza a ver. «Vale; yo te hago feliz, pero tú, te haces la jarrita, y me sueltas toda la pasta que tienes en el bolsillo, sin olvidarte las pelusas«. Lo que viene siendo la normal exigencia de la prostituta, lo que equivale al: «ayúdame a ser presidente del Gomierdo«.

Petición con ansias por parte de Sánchez. «Vale; yo te hago presidente, pero tu me haces vicepresidente del Gomierdo, y ministra a mi compañera de mesa, catre y retrete«. Lo que viene siendo la normal exigencia del prost…

Es muy difícil cambiar de actitud habiendo alcanzado el éxito largamente perseguido de ese modo. Solo ha sido necesario que algún periodista haya «desafinado» un tantico así, en el «bien pagao» coro mediático, para que el escrachador totalitario con el que el señor Iglesias se acuesta cada noche y se levanta de la cama cada mañana, salga furioso del «sabanil» chiquero (¡Quien nos iba a decir que echaríamos de menos a Alfonso Guerra!) y, al toque de «¡a degüello!», la infantería de la jauría roja, ha tomado las redes sociales, para insultar a los insurrectos que se atrevieron a expresar su opinión, una opinión tan respetable como otra cualquiera, sobre el asunto que está en los tribunales, que tan nervioso tiene al «Cappo Morao».

Asunto que intenta presentar, aprovechando el momento electoral en Cataluña y Galicia, como damnificados políticos, a quienes se les «quieren sacarnos del Gomierdo». Cuando es una historieta de la que solamente él, Dina y una tarjeta de un teléfono móvil, son los únicos protagonistas… Quizás también lo sean unos representantes de la Judicatura; según expresan los distintos medios de información.

El «¡ahora se van a enterar!» representa la amenaza del necio que piensa inatacable su figura tras el muro de su fortaleza y el poder de su aliado, sin tomarse el trabajo de tasar el armamento del enemigo. Muy duro puede, si no se vuelven a volcar los dineros del arcón sobre los medios, declarar la guerra a la prensa. ¡Ya se enterará!.

Mientras tanto, los que somos simples soldados de la infantería ciudadana; la masa con la que está hecho el yunque, seguiremos aguantando los martillazos de esta gentuza.

Eloy R, Mirayo ( El Correo de España )

viñeta de Agustín Muro