SEPARATISTAS CON FALDA

Piensa John Elliot que el nacionalismo escocés y catalán se basan en disparates, pero Escocia fue un país independiente hasta 1707, tuvo su propia moneda, su bandera y su canesú, aceptaría a la reina, y en caso de independizarse seguiría en la Commonwealth. Además los políticos escoceses no dan el cante supremacista, como Quim Torra, y reafirman su europeísmo invocando a la UE como proyecto de futuro. La guerra de la propaganda la protagonizan actores y escritores; mientras Sean Connery proclama «siempre seré escocés», Ewan McGregor, declara que «es una mierda ser escocés», y aunque los ingleses «son unos soplapollas», rechaza la separación.

Los separatistas catalanes entre la Irlanda de los fusiles y la Escocia de las gaitas se ponen la falda escocesa. Y no se parecen en nada. Nunca tuvieron héroes como los escoceses; quizás ésa sea una ventaja, pero no se pueden comparar los segadores del «Visca el rey d’Espanya» con William Wallace, Corazón valiente. Como se dice en la película, «la historia la escriben los que cuelgan a los héroes» y los cobardes, como Josep Dencàs, se escapan por las alcantarillas o Puigdemont se pira a Flandes dejando a compañeros de sedición en la cárcel.

En el último fin de semana miles de personas hicieron una marcha sobre Edimburgo. En el mar de banderas escocesas había muchas esteladas. Como les decía, los separatistas escoceses odian a los ingleses, pero refrenan sus arranques racistas. Reclaman la independencia, exigen un segundo referéndum y denuncian la desmotivación entre los partidarios de la independencia. Perdieron el primer plebiscito. También los separatistas catalanes fracasaron en su intento de dar un golpe de teatro al Estado y culpan de todo a los españoles. Ya lo diagnosticaron reyes y poetas: los peores enemigos de los españoles son los propios españoles.

Quedó escrito en las cunetas. Los catalanes son españoles aunque no quieran. Lo que no comprendo es que recurran al ácido desoxirribonucleico. Líderes del independentismo hablaron en el pasado de la proximidad genética de los catalanes a los franceses y a los italianos olvidando que todos los habitantes de esta península (Ibérica) sufrieron y gozaron de toda clase de invasores: desde los bárbaros a los sarracenos. Los que se apellidan Soler o Ferrer suelen tener también patronímicos murcianos, andaluces y castellanos y no son más blancos que los de Albacete, ni más rubios que los de Cádiz.

Lo más absurdo de los nacionalistas es que ignoren que somos todos polvo de estrellas. Cuando gritan a los de Ciudadanos, «váyanse y déjenos en paz» olvidan que todos los seres humanos que habitamos en esta nación somos parientes.

Raúl del Pozo ( El Mundo )