» SI ME QUERÉIS, IRSE »

La Faraona, que hoy cumple 25 años de eternidad, dijo una vez que ella siempre estaba muy guapa porque el brillo de los ojos no se opera. Ole.

Y con ese charol en la mirada que le permitía dictar en sus largas noches de «lerele» sentencias irrevocables le reclamó al torero Juncal en la serie de Armiñán algo que hoy está más vigente que nunca en España: «¡Coplas teatrales, coplas teatrales!».

Si Lola levantara la cabeza para pedirle ahora una peseta a cada español se daría de bruces con una ruina más grande que la romana de Mérida. Y comprobaría que su petición a Paco Rabal se cumple todos los días en el atril de La Moncloa.

Nos están atiborrando de coplas teatrales con las cifras de muertos, el consejo de expertos, los cambios de horarios, los criterios de baremación para las fases de la «desescalada»… Pero como el brillo de los ojos no se opera, basta con analizar las pupilas marrones de Pedro Sánchez cada vez que entona su réquiem sabatino para intuir sus ansias de perpetuidad.

Quién nos iba a decir que los repartidores de carnés de demócrata iban a tener tanta afición por el Mando Único. O que la emergencia sanitaria se iba a convertir en el atajo de los populistas para su conquista del cielo.

Las últimas coplas teatrales del Gobierno son un solemne descaro. Un mes más de estado de alarma para conservar la autoridad suprema y consumar en el BOE todo el proceso de desmontaje de España. Todo ello con la colaboración inestimable de su milicia mediática, que ha intensificado su maquinaria de control de la información a través de un ejército de propagandistas disfrazados de periodistas.

Su encomienda es repetir sin vacilaciones las mentiras del Gobierno, como por ejemplo que somos el quinto país que más test ha hecho, y conseguir que su parroquia ideológica se la crea, de manera que cuando un profesional serio de la información lo desmienta se le pueda acusar de formar parte del entramado mediático de la derecha.

Es decir, el objetivo es consolidar el engaño y desprestigiar la verdad, además de ir trufando las noticias con reportajes abiertamente sesgados: el confinamiento está siendo muy bueno para frenar el cambio climático, si hay un rebrote es por culpa de la gente que se apelotona en los bares, el turismo propaga el virus, hay que prohibir las rebajas capitalistas para impedir las aglomeraciones…

Poco a poco, el Mando Único o Bienhechor va inclinando la balanza para persuadirnos de que es mucho más escandaloso el hotel de Ayuso que tener uno de los porcentajes de muertos más altos del mundo.

Esa hemiplejia permite a los populistas aprovechar el estado de alarma para cortar camino y las caceroladas con palos de golf, que son lamentables, les ratifican ante su público: querido pueblo oprimido, estamos tan volcados con vosotros que hemos cabreado a los ricos. Con esa excusa ya pueden actuar con patente de corso.

Si necesitan los votos del PNV para mantener ese estatus, los cambian por un aprobado en la fase 1 aunque sus datos sean peores que los de otras comunidades. Canjean sin pudor salud por poder. Y todo para aplicar su programa oculto.

Véase la instrucción de la ministra de Trabajo a los inspectores para criminalizar a los empresarios agrícolas, esos malvados terratenientes que explotan a los inmigrantes. «¿Presenta el trabajador indicios de malos tratos, hay alambradas o guardianes?».

Esto sólo puede preguntarlo alguien a quien le brilla el demonio en los ojos, que es lo único que no se puede operar. Ahí no hay coplas teatrales, sino un plan clarísimo en la tramoya del virus, una falsa preocupación por la gente que ya se está traduciendo en el colapso de los comedores sociales.

Por eso hoy que se cumplen 25 años de la muerte de Lola Flores viene al dedillo su célebre rogativa a los invasores: «Por favor, si me queréis, irse».

Alberto García Reyes ( ABC )