SÍ…PERO NO

Apreciado señor Sánchez. Hágase usted cargo de un problema que tengo. El oficio de comentarista político me obliga a interesarme por las cosas que hacen y dicen personas que no me interesan nada. Cierto es que hay trabajos peores, peor pagados, más agresivos con la salud y la dignidad. Y estoy más o menos resignado a desempeñar éste el resto de mi existencia al no haber nacido dotado del talento liberador de un Balzac o, al menos, de un coraje mayor para vivir del crimen organizado en los espacios de oportunidad criminal no ocupados por los partidos políticos.

Con todo, interpretar lo que usted hace y dice, aun no siendo algo por lo que uno querría ser recordado por sus hijos, da algo de trabajo. Hay que atender, hay que hacer una mínima labor de prospección periodística, hay que dedicar un rato a pensar el enfoque, hay que encontrar en la memoria citas o acontecimientos análogos con los cuales crear un contexto cultural y luego hay que sentarse no menos de veinte minutos, impostando un tono pomposo de salvador de la democracia, a llenar de letras lo que Umbral llamaba “el puto folio”. No es que me queje, es el curro y ya está.

Sin embargo, aunque no me disguste trabajar, sí me molesta trabajar en vano. Usted ha adquirido una costumbre fastidiosa en ese sentido, que es la de la retractación constante, la corrección de sí mismo, la impugnación de sus propias decisiones, por más pétreas y vitales para la patria -¡y a veces para los derechos humanos universales!- que parecieran éstas en el instante de su primera formulación.

No sé cuán intranquilizador puede resultar para la estabilidad de las cosas un presidente a quien las ideas/fuerza le aguantan cinco minutos antes de disolverse por obra de la presión ambiental o de la imposibilidad práctica. Pero me está usted fastidiando los artículos, que salen publicados demasiado tarde, cuando usted mismo se ha desdicho ya de aquello que los inspiró y ha cambiado completamente de opinión. Es tan frustrante y descortés como decirle a un camarero que cambió de opinión y quiere otro plato cuando el primero que pidió ya ha sido cocinado en vano.

Hágase usted cargo también de los problemas que está creando a los periodistas orgánicos, conversos algunos de ellos, que le hacen el aguante y a los que usted obliga a defender una cosa y, al día siguiente, la contraria. Si la adulación a quien manda hace sentir sucio, imagine pasar por ello al menos dos veces por tema. Aclárese usted, por favor, y diga y haga cosas que duren más de cinco minutos.

David Gistau ( El Mundo )