SI TE DICEN QUE CAÍ

Tanto en TV3 como en los demás medios del régimen se dio voz ayer a personajes del más turbio pelaje para presentar a los detenidos como víctimas de la España represiva, incluso suponiendo que las peores sospechas se confirmaran. Si se trata de independentistas no importa lo que hayan hecho: son los nuestros. Torra apoyó estas consideraciones en un deplorable tuit.

Un movimiento que siempre fue pueril, que descubrió el cínico engaño de sus líderes cuando ya era demasiado tarde y que ha sido derrotado por su propia inconsistencia mucho antes que por la maquinaria del Estado, que a lo sumo está actuando de sepulturero, cruzó ayer la última frontera de su vulgaridad.

Como los palestinos, los independentistas no pierden ninguna oportunidad de perder una oportunidad, y en su desorientación y su impotencia por revertirla, en lugar de desmarcarse del terrorismo, crearon un contexto justificativo para abrazarlo.

Nunca tuvieron la razón, ni la mayoría, ni una capacidad de sacrificio a la altura de su reto, pero las horas de propaganda que dedicó ayer la televisión pública a despreciar al juez instructor, y a ensalzar a los cabecillas de los más ignominiosos grupúsculos antisistema, dejó al independentismo sin el hipócrita relato de las sonrisas.

La comprensión con la violencia no es nueva en Cataluña -desde Terra Lliure hasta los 50.000 votos que obtuvo Batasuna en las europeas de 1987, pasando por la entrevista de Carod con Ternera en Perpiñán-, ni la dificultad para distinguir entre víctimas y verdugos. «Ustedes que pueden, dialoguen», Gemma Nierga lo dijo, en la manifestación contra el asesinato de Ernest Lluch, creando el momento de mayor humillación que hasta entonces había sufrido nuestra libertad y nuestra democracia.

La imagen idílica que los independentistas tienen de sí mismos se rompe en el espejo de su realidad intimidatoria y golpista. La mayoría son demasiado cobardes para ser unos terroristas pero carecen de la dignidad para rechazar la violencia cuando creen que les beneficia.

Dicho de otro modo: era imposible que sin estar moralmente destruida, Cataluña llegara a hacer este ridículo.

Salvador Sostres ( ABC )