Escribo desde una dehesa extremeña, cuando ya van muriendo los sonidos de la noche, y ya despunta el sol en el horizonte. La vida despierta y aprovecho estos momentos de soledad para poner en orden pensamientos y opciones de futuro.

En la lejanía diviso ganado que aprovecha el frescor de la mañana mientras la fauna nocturna se aletarga y esconde de los calores amenazantes de la jornada. La contemplación de esta tierra dura en la que generaciones de hombres recios crecieron y vivieron me traslada a revivir la historia de nuestro pueblo, de este pueblo español que un día conquistó el mundo y que hoy se encuentra sumido ante la coyuntura de la incertidumbre del porvenir que se le presenta.

La gente, el pueblo, las personas, lo único que desean es vivir en paz, prosperar y ser felices; algo que no debiera ser muy difícil de conseguir a poco que todos nos entendiéramos y nos aunáramos para alcanzar ese objetivo, más vemos día a día desafortunadamente como las desavenencias crecen entre nuestros dirigentes y los egoísmos personales nos dominan.

Desde esta atalaya matutina todo parece muy lejano y la tranquilidad que da el silencio que impera a mí alrededor se va desvaneciendo a medida que avanza el sol e intuyo ya el desasosiego que doy por seguro que la lectura de la prensa me va a proporcionar.

Políticos egoístas, partidos enfrentados, comunidades desorientadas y un sinfín de circunstancias son efectivamente el panorama nacional; tal parece que el hombre quisiera desentonar de la naturaleza que tengo ante mí en estos momentos.

De esta tierra extremeña partieron hombres para todo el mundo mientras que los de las tierras catalanas y levantinas se orientaban al este y vascones, castellano y astures o gallegos se lanzaban a la conquista de un nuevo mundo. De la conjunción de sus sacrificios y muchas veces proezas nació, hace mucho tiempo ya, está nuestra España de hoy, la misma que hoy políticos egoístas quieren destrozar en beneficio único de sus intereses personales o de partido.

Vivimos en una España que un día fue grande y hoy se empequeñece por la miseria de unos pocos. La naturaleza dicen que es sabia y, según observo que en ella todo encuentra su equilibrio, medito si lo que acontece en nuestra sociedad moderna no es sino el fruto de no saber quien rompe ese equilibrio. Y lo estamos viendo en el acontecer diario.

Los españoles históricamente hemos sido díscolos pero cuando hemos tenido un objetivo común hemos superado todas las adversidades; eso sí, juntos y solo cuando hemos sido liderados con rectitud y eficacia. Hoy tenemos un objetivo común que no es otro que la búsqueda de un bienestar alcanzado con el sacrificio de muchas generaciones y así poder presentarnos ante Europa y el mundo con la fuerza que tuvimos antaño.

Es por eso que cuando veo  a donde nos están llevando unos dirigentes, en su mayoría mediocres, echo de menos la mano correctora que los ponga en su sitio : la del liderazgo firme fruto del consenso democrático de la nación.

Hoy no lo tenemos y ante esa debilidad los enanos crecen y se rebelan. La naturaleza, como ya he dicho, impone su equilibrio y el hombre como parte de ella debe asimilar sus enseñanzas. Si no lo hace, y hoy en España no sucede así, no hay otro final que el desastre común.

Ya el sol apunta alto. Esperemos que más tarde o más temprano nuestra España oriente su futuro a su trayectoria y siempre siguiendo el criterio de que solo desde lo que se aprende de la historia vendrá el éxito.

Hemos sido una gran nación en el pasado y lo seremos en el futuro. El régimen comunista que nos quieren imponer el Sr. Sánchez y su amigo Iglesias no acabará con España.

Estos personajes contemplados desde la atalaya en la que me encuentro no son más que una anécdota, apenas unos malos hierbajos que tarde o temprano serán sólo eso : rastrojos.

General Chicharro ( El Correo de España )